“Notre Dame” de París (III): una obra maestra que debemos conservar y respetar

REPÚBLICA FRANCESA

Desde el pasado día 15 de abril, la catedral de París ha estado de actualidad por la desaparición, pasto de las llamas, de sus cubiertas y la aguja que las coronaba. En los últimos dos artículos nos hemos aproximado a este emblemático edificio gótico desde dos perspectivas parciales y algo atípicas. En primer lugar, la vimos desde la célebre Galería de las Quimeras, lo que nos permitió contemplarla desde arriba y recordar cómo era todo lo que fue destruido. Después, vimos en detalle el estado ruinoso en que se encuentra la parte superior del edificio y cómo será, previsiblemente, la lenta y laboriosa reconstrucción. Sin embargo, aún no hemos visto cómo es (y no debe dejar de ser) esta obra maestra del Gótico francés. Vamos a ello, pues, para terminar la trilogía.

LA CATEDRAL, OBRA DE ARTE Y TESTIGO DE LA HISTORIA

Estamos hablando de un edificio de un gran valor artístico, paradigma del Gótico francés, pero a esta cualidad se une la de haber sido protagonista de la Historia de París y de Francia. Preside la capital gala desde hace más de ocho siglos y no es casualidad que fuera erigida en el mismo lugar donde los romanos fundaron la antigua Lutecia. Sufrió saqueos, destrucción y reconstrucciones. Su carácter simbólico para la nación vecina es indudable, siendo la principal sede eclesiástica del país y estando situada en la propia Corte Real. A pesar de ello, curiosamente, nunca fue el escenario de las coronaciones reales -tal honor le correspondía a la catedral de Reims– ni tampoco fue panteón real -lo es la basílica de San Dionisio, al norte de la capital-, si bien es cierto que en una ocasión en su interior se produjo una coronación. Y no fue una cualquiera: el 2 de diciembre de 1804 el general Napoleón Bonaparte -en esa fecha cónsul vitalicio, o sea, dictador- se coronó a sí mismo y repitió el gesto con su esposa, Josefina de Beauharnais, en presencia del papa Pío VII. De este importante acontecimiento dejó testimonio Jacques-Louis David en el famoso cuadro que se encuentra en el Museo del Louvre, y que próximamente veremos detalladamente en un artículo.

Museo del Louvre

La catedral que hoy conocemos fue erigida entre 1163 y 1345 sobre otra anterior muy deteriorada, aunque no dejó de ser objeto de modificaciones menores a lo largo de los siguientes siglos. En el siglo XII la monarquía francesa necesitaba un nuevo gran templo que afirmase su poder predominante en la Europa medieval, aprovechando el surgimiento de un nuevo estilo, el Gótico, que gracias a las innovaciones técnicas permitía construir iglesias mucho más altas e imponentes. Así pues, se instrumentalizó este incipiente estilo en sus comienzos, y como no podía ser de otro modo, los reyes de Francia quisieron que la primera gran catedral fuera la de París, a pocos metros de su palacio. Por este motivo, la parisina es la más primitiva de las catedrales góticas galas, y aún muestra algunos rasgos propios del Románico.

Gótico francés
Gótico francés

Por ejemplo la fachada, bastante maciza, no tiene un aire tan esbelto como se aprecia en otras grandes catedrales góticas francesas. Varias líneas horizontales rompen el ritmo ascensional al tiempo que armonizan la fachada. Dos torres la flanquean, como es habitual en Francia, pero quedaron truncadas y nunca fueron terminadas, por lo que disminuye aún más la sensación de verticalidad. En la parte central de la fachada destaca el gran rosetón, el cual queda enmarcado por dos galerías, una de arquillos entrelazados encima y una de estatuas justo debajo.

Gótico francés

La galería de estatuas representa a 28 reyes del Antiguo Testamento. En 1793, los revolucionarios las destruyeron, pues los muy bestias creyeron que se trataba de reyes de Francia -acababan de cortarle la cabeza a Luis XVI-, así que las que vemos hoy en día son reconstrucciones realizadas en el siglo XIX. Efectivamente, en 1844 el templo presentaba un estado lamentable y se acometió una restauración integral dirigida por Eugène Viollet-le-Duc. Siguiendo la tendencia habitual en la época, muchos elementos fueron recreados y otros sencillamente añadidos. Es decir, muchos de los elementos que vemos hoy en día salieron de la imaginación de Viollet-le-Duc, aunque fueron realizados con un muy buen criterio artístico recreando fielmente el Gótico del edificio donde se iban a integrar, por lo que pasan desapercibidos. Eso sí, en el caso de las estatuas les delata su magnífico estado; en otras palabras, se ven muy nuevas.

Gótico francés
Gótico francés

Lo mismo se puede decir de todo el conjunto escultórico que adorna las tres portadas del templo. De izquierda a derecha, son la puerta de la Virgen, la del Juicio Final y la de Santa Ana. Las tres presentan una disposición ya claramente gótica: un tímpano dividido en tres niveles que representan escenas relativas al titular y enmarcado por varias arquivoltas llenas de figuritas. En la puerta central, aquí reproducida, se ve a Cristo muy serio presidiendo el Juicio Final y bajo él una graciosa escena donde se ve a los buenos a un lado y los malos al otro. Éstos últimos son conducidos en reata por unos feos demonios. Más abajo, los muertos levantándose de sus tumbas con cara de sorpresa… en fin, una encantadora muestra de la ingenuidad del hombre medieval.

Gótico francés
Gótico francés

La puerta propiamente dicha presenta un parteluz y está flanqueada por más estatuas de santos. Aquí podemos ver a uno muy gracioso que sostiene su propia cabeza en la mano, como si tal cosa… Por último, otras estatuas añadidas en el siglo XIX son las quimeras, situadas arriba, en la base de las torres, y a las que ya dediqué el primer artículo de esta trilogía (no dejes de echarle un vistazo). Junto con las gárgolas, son las figuras monstruosas más recordadas por los turistas y los curiosos.

Gótico francés
Gótico francés
Gótico francés

LOS ARBOTANTES, EL GRAN SECRETO DEL GÓTICO

Vista la fachada principal, rodeemos el resto de la iglesia. Mirando la larga fachada sur desde las cercanas orillas del Sena podemos apreciar con claridad la forma de cruz latina de la planta. Otros dos grandes rosetones aparecen en lo alto de los brazos laterales y en la parte superior todo el conjunto estaba coronado por la magnífica cubierta original del siglo XIII. En el centro, en el cruce de las naves, se erguía la esbelta aguja creada por Viollet-le-Duc en el siglo XIX. Todo eso es lo que ardió la tarde del 15 de abril.

Gótico francés

Parémonos un rato a admirar esta maravilla. Ante nuestra vista está el descubrimiento que revolucionó la arquitectura europea y marcó el nacimiento del estilo gótico: el arbotante, un arco que se repite alrededor del edificio y que descarga lateralmente el enorme peso de la estructura sobre unos contrafuertes situados al exterior. Sí, son ésos que parecen las patas de un ciempiés… De esta manera los empujes ya no caen verticalmente, sino que se reparten sobre las naves laterales, permitiendo elevar mucho más la nave central, lo que a su vez hará posible que esos muros sean más ligeros y se puedan incorporar las altas vidrieras que darán luz y colorido al interior. Así pues, un simple arco da pie a una nueva concepción de la arquitectura.

Gótico francés

La catedral luce imponente y altiva en la orilla sur de la Isla de la Ciudad, junto al Sena. Ante la fachada principal se abre una amplia plaza y tras la cabecera un jardín, de manera que el edificio se puede contemplar y fotografiar a placer desde tres de sus lados. Y me atrevo a afirmar que no es por casualidad que el lado más expuesto y más visible sea el lado sur, el que recibe todo el sol -estamos en el hemisferio norte-, y esto es aún más importante en el norte de Francia, donde la luz no suele ser muy abundante como en otras tierras más sureñas. Este lado se abre al río, y se ve muy bien desde los pequeños puentes y desde la orilla opuesta, en el Barrio Latino.

Sin duda los responsables de su construcción desplegaron toda su maestría y sus conocimientos para dotar al templo de la máxima luz posible. Eso es importante para que desde fuera sus blancos muros muestren una estampa inolvidable para quien la contemple, y para que desde dentro sus coloridas vidrieras se muestren en todo su esplendor.

Crucero por el Sena
Crucero por el Sena
Crucero por el Sena

Al estar casi bañada por el Sena, un crucero por este río -actividad casi obligada en una visita a la capital gala- puede darnos una bonita y cercana perspectiva de la catedral. Los turistas la fusilan enfervorecidos con sus cámaras más que ningún otro de los muchos monumentos que se asoman a sus orillas. Eso sí, para ello hay que abrirse hueco entre un ejército de chinos… Las imágenes pueden resultar especialmente sugerentes bajo la cálida luz del atardecer. Otro lugar muy recomendable para retratar la catedral es la vecina isla de San Luis, desde la que obtendremos una inmejorable vista de la cabecera con todos los arbotantes.

Crucero por el Sena
Crucero por el Sena

UN BREVE RECORRIDO POR EL INTERIOR DE NOTRE-DAME

En el interior el espacio se distribuye en cinco naves, la central mucho más alta que las laterales, las cuales se prolongan en una girola alrededor del altar mayor. Esto no es una sorpresa, pues es una estructura habitual en el Gótico francés; sin embargo, los detalles están plagados de reminiscencias del Románico y nos recuerdan que estamos ante una construcción iniciada todavía en un periodo de transición. Ejemplo de ello son los arcos, sólo tímidamente apuntados, así como las gruesas columnas simples que separan las naves o los sencillos capiteles vegetales.

De las vidrieras originales medievales se conservan los tres grandes rosetones, mientras que el resto de las vidrieras fueron destruidas por los revolucionarios. Hay que recordar que durante la Revolución Francesa el edificio fue vandalizado, desacralizado y utilizado como almacén de alimentos, hasta que Napoleón lo devolvió al clero y lo usó para sus fines de afirmación de su poder. Las vidrieras que vemos en la actualidad son recreaciones neogóticas debidas a la intervención del siglo XIX u otras más sencillas ya añadidas en el siglo XX.

Gótico francés

Durante la Revolución la mayoría de sus tesoros se dispersó o se perdió para siempre. No obstante, quedan algunos grupos escultóricos de importancia debidos sobre todo a artistas franceses del siglo XVII, así como algunas pinturas -los llamados mayos-, pero en general las capillas son bastante austeras, algo característico de los templos franceses. Esta catedral tampoco destaca por sus sepulcros y en cuanto a las supuestas reliquias de Cristo -de las que ya hablé en este artículo– fueron rápidamente sacadas por los bomberos y se encuentran a salvo. Por lo demás, el derrumbe del tejado y parte de las bóvedas se produjo sobre la nave central, donde apenas había más que las sillas usadas en las misas.

Gótico francés
Gótico francés

En esta ocasión no prestaremos más atención a los detalles de las capillas o a las obras de arte. Nos hemos centrado en la estructura de Notre-Dame y su valor arquitectónico como edificio. Como ya se ha dicho, es una obra capital de la arquitectura, dado que representa el momento en que el Gótico surge y se impone, es un testimonio de una época en que la Arquitectura se hace adulta. Pero también es testigo de la turbulenta Historia de una ciudad -París- y un país -Francia- que supieron resurgir una y otra vez de sus cenizas. Del mismo modo la catedral resurgirá, pero deberá ser respetada en su esencia; los mediocres e incultos arquitectos de nuestros días deberán guardarse sus extravagancias para otro lugar.

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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