Fotografiando la iglesia de la Compañía de Quito

REPÚBLICA DEL ECUADOR

El día que llegué a Quito estuve paseando por su centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Cuando desde la Plaza Grande avancé por la calle de las Siete Cruces, sabía que me dirigía hacia una de las maravillas de la América Española -y esta denominación está usada con toda la intención-, un hito fundamental en la capital ecuatoriana y sin duda ninguna el lugar que con más emoción iba a visitar: la iglesia de la Compañía. Sin embargo, un sentimiento de frustración me embargaba, ya que habitualmente está prohibido fotografiar su interior, y mi solicitud de permiso para hacerlo, enviada dos semanas antes por escrito a la fundación que gestiona el templo, no había recibido respuesta. 

Pero por increíble que parezca, estando a escasos 50 metros de la fachada, que ya alcanzaba a ver, un mensaje llega a mi correo electrónico; lo miro y resulta ser el anhelado permiso. Es un momento indescriptible, mezcla de emoción, alegría e incredulidad. Unas poco contenidas ganas de saltar y gritar y unos viandantes que se preguntan qué le pasa a ese español. Quién podía esperar semejante casualidad… En fin, ahora toca organizarse. Lo primero, entrar y presentarse. Al verme llegar cámara en mano la empleada de la entrada se apresura a avisarme de que no se permiten las fotografías, a lo que yo respondo lleno de satisfacción que dispongo de un permiso especial, el cual paso a mostrarle. Me indican las condiciones: puedo tomar todas las instantáneas que desee pero sólo durante una hora, y además ha de ser durante el tiempo de visita, esto es, con público en el interior. Esto implica un problema añadido, y me apresuro a preguntar a qué hora suele haber menos visitantes. Me dicen que es mejor en la última hora antes del cierre, es decir, de 17.00 a 18.00. Justamente son las cinco de la tarde, pero no quiero precipitarme. Es mejor dejarlo para el día siguiente. Las próximas 24 horas las iba a pasar, entusiasmado, planeando la sesión fotográfica.

UNA CONSTRUCCIÓN QUE SE PROLONGÓ DURANTE 160 AÑOS

Los jesuitas llegaron a Quito en 1586 con el propósito de establecer un monasterio con su iglesia y un colegio, los cuales acabarían abarcando toda una manzana al sur del palacio de la Real Audiencia de Quito (actualmente llamado palacio de Carondelet, sede de la Presidencia de la República). La iglesia que nos ocupa fue comenzada en 1597; para mediados del siglo XVII el armazón ya estaba terminado y las cúpulas levantadas; el resto del siglo se empleó en realizar la decoración y los altares; y entre 1722 y 1765 se culminó la fachada-retablo, que había quedado inconclusa. Así pues, su construcción se prolongó durante más de 160 años, por lo que se superponen en ella el Renacimiento y el Barroco, pero la armonía entre ambos, la simetría de sus naves y capillas, la calidad de sus autores y la riqueza de sus materiales hacen que sea una de las obras cumbres de la arquitectura mundial.

Iglesia de la Compañía

EMPECEMOS POR EL EXTERIOR

La fachada principal es claramente barroca, ya que fue levantada en último lugar, ya bien entrado el siglo XVIII. Así quedó registrado para los siglos venideros en una lápida situada a la derecha, en la que también se indicaba quién reinaba en estas tierras y quién gobernaba en su nombre. Hay que ser muy necio o un mentiroso interesado para seguir llamando colonias a lo que eran reinos… y es que la ciudad donde se encuentra esta iglesia era la capital de la Real Audiencia de Quito, la cual formaba parte del Reino de Nueva Granada, un territorio español como lo eran Castilla o Aragón, y sus habitantes, independientemente de su raza, eran tan españoles como lo eran los castellanos o los aragoneses. 

(…) ACABOLA EN 24 DE JUL. DE 1765 SENDO PONT. MAX. CLEM. XIII, REY DE LAS ESPAÑ. Y DE LAS IND. EL S. D. CARLOS III, VRREY DE ESTOS REYNOS EL EXº S. Bº FREY D. PEDRO MESSIA DE LA CERDA […] 

Iglesia de la Compañía

La fachada está realizada en andesita, que como revela su nombre es una piedra volcánica muy común en la cordillera andina. Aunque sus autores fueron españoles, tiene un claro influjo del barroco romano. También el coronamiento de la parte superior podría recordar a las obras maestras de Bernini o de Borromini. Sin embargo, esta fachada parece ser más recargada de elementos decorativos de lo que solemos ver en el barroco italiano. Quizá aquí aflore también el churrigueresco español… Sea como fuere, es una fachada muy equilibrada y llena de detalles que vale la pena observar con calma. Las cuatro estatuas de la parte central representan, como es previsible, a los santos más destacados de la orden jesuita, esto es, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, san Estanislao Kostka y san Luis Gonzaga.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

Las cúpulas sólo se pueden apreciar bien desde una cierta distancia. El mejor lugar es la cercana plaza de San Francisco, que está un poco más elevada. Las cúpulas son poco prominentes pero de gran elegancia. La central, más grande, está coronada por una preciosa cruz de forja, mientras que todo el conjunto está rodeado por una curiosa barbacana que recuerda a las iglesias-fortaleza medievales de la Península. Lo curioso es que en América este recurso decorativo aún era común cuando al otro lado del Atlántico ya sólo era un recuerdo de otra época.

Iglesia de la Compañía

Terminado el exterior, es el momento de entrar en la iglesia. Respirar hondo y enfrentarse a una maravilla y a un gran reto. Durante unos segundos apenas pude hacer sino contemplar la nave central embobado y abrumado ante la difícil tarea que me esperaba. Era consciente de haber recibido un privilegio, pero éste implicaba una gran responsabilidad. Pero bueno, si mis artículos sobre la catedral de la Ciudad de Méjico y sobre la iglesia de la Mantería de Zaragoza, que me habían servido como apoyo en mi solicitud, habían convencido a los responsables de la fundación, sería que no estaban tan mal… Así pues, me dije que tenía que intentar hacer un buen trabajo que estuviese a la altura de esta obra maestra, y que no había un minuto que perder. 

EL MATERIAL Y LA ESTRATEGIA UTILIZADOS

Como ya se ha dicho, el permiso de fotografía apenas era válido para una hora, y con público en la iglesia. Esto supone una gran limitación a la hora de planificar la sesión. Es obvio que el edificio tiene muchos detalles que merece la pena retratar, y no iba a permitir que se escapase ninguno. Por lo tanto, en lugar de usar un trípode opté por moverme por toda la iglesia cámara en mano. De este modo, la imposibilidad de realizar largas exposiciones impediría utilizar un ISO bajo (para que la foto no salga movida), lo que traería como consecuencia la aparición de ruido en las fotos; pero la mayor movilidad -y el uso de tres objetivos diferentes- me permitiría buscar los ángulos y los matices más expresivos. Algo así como retratar la iglesia. Luego, el retoque en el ordenador ayudaría a corregir los defectos. Éste era el plan que había decidido después de mucho darle vueltas, aunque no he de negar que me daba miedo que esta fórmula fuese errónea, ya que no habría otra oportunidad…

La cámara utilizada para este reportaje fotográfico es una Nikon D5500. Los tres objetivos son los siguientes:

  • Sigma 18-300 mm F 3,5-6,3 DC macro: un todoterreno para poder captar todos los detalles más lejanos y al mismo tiempo hacer vistas generales con gran profundidad.
  • Tokina SD 11-16 F 2,8 Aspherical: un gran angular para dar mayor amplitud a las vistas generales y crear impactantes efectos.
  • Yongnuo YN 50 mm F 1,8: un 50 mm fijo para retratar objetos individuales, tales como las estatuas, dotando el fondo de la imagen de un sugerente desenfoque.
Iglesia de la Compañía

Manos a la obra. Empecemos, como suelo hacer, por una vista general desde la entrada, al principio de la nave central. Al instante dos pensamientos acuden a mi mente. El primero, que la iglesia de la Compañía es perfecta se mire por donde se mire. Perfecta en su simetría, en su sencillez, en su colorido. Desde este lugar se puede sentir que esta iglesia nos habla, nos cuenta la Historia de un poderoso Reino que nunca debió perderse, pero también la pequeña Historia de las gentes que hicieron posible que esta maravilla fuera erigida. Desde el Rey que allá en la Península gobernaba estas tierras, hasta el último albañil que subido en los andamios colocaba estas piedras, pasando por los arquitectos que la proyectaron o los maestros escultores que realizaron cada pequeño detalle. Nos habla de una ciudad, Quito, que fue próspera y rica en los mejores tres siglos que vivió Hispanoamérica, y uno puede imaginarse a todas esas gentes del pasado entre estos muros.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

El segundo pensamiento llega al dejarse envolver por estas paredes doradas. Sí, lo que vemos es oro. Oro auténtico. En finísimas láminas, por supuesto. Pero oro. Y uno no puede dejar de pensar en los siglos de mentiras y calumnias que, unos por lamentable ignorancia y otros por despreciable maldad, han vertido sobre la Historia de España y de la América Española. Y es que por todo el continente encontramos riquísimas iglesias, grandiosos palacios, ciudades, caminos, puertos, fortalezas, hospitales, universidades, arte… y oro, mucho oro. Aquí está la prueba.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

Avancemos. Al primer vistazo ya se aprecia por sus formas que la iglesia es claramente barroca. La decoración recargada y exuberante no hacen sino acentuar ese carácter barroco. Pero aquí hay algo más, algo que la aparta de esas iglesias italianas y hace que sea definitivamente española: toda la decoración geométrica que cubre sus muros, bóvedas y cúpulas nos remite directamente al mudéjar nacido en la Edad Media, pero presente en nuestra arquitectura hasta nuestros días. Y esto es algo que a un aragonés no se le puede escapar…

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

Sobre la nave central vemos una bóveda de cañón totalmente recubierta de elementos geométricos. La parte superior de los muros tiene grandes ventanales que dotan a la iglesia de abundante luz natural. Las naves están separadas por gruesos pilares decorados con dieciséis cuadros de Nicolás de Goríbar que representan a sendos profetas. Este pintor fue uno de los más destacados artistas de la Escuela Quiteña.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía


Las naves laterales son más bajas que la central. Cada una se compone de tres capillas intercomunicadas entre sí, como es habitual en las iglesias jesuíticas. Cada capilla se cubre con un cupulín, y tanto éste como el interior de los arcos de separación, o sea, absolutamente todo, está ricamente ornamentado con dorados geométricos. Cada capilla cuenta, claro, con un riquísimo retablo de formas barrocas y lleno de columnas salomónicas y estatuas.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía


LA GRAN CÚPULA CENTRAL

La cúpula sobre el crucero es sencillamente grandiosa, efecto que se acentúa por la exuberancia dorada de las naves que se cruzan en ella. Justo debajo se ha situado un espejo que nos ayuda a contemplar los detalles cómodamente durante todo el tiempo que queramos sin necesidad de forzar los músculos del cuello, algo que agradecerán especialmente las personas de avanzada edad. La cúpula se apoya sobre pechinas decoradas con los cuatro evangelistas.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

TRES GRANDES RETABLOS

El presbiterio es grandioso como todo en esta iglesia. Cuenta con un gran retablo que culmina en una gran corona sujetada por ángeles que es auténtica filigrana realizada en madera. La bóveda superior está pintada de azul y cubierta de estrellas. Los autores prescinden aquí del oro -caso único en el edificio- para resaltar este espacio, que ha de tener el máximo protagonismo, y de este modo sugerir el cielo en que vive su dios.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

A ambos lados del crucero se abren dos capillas mayores que las demás. Nada sorprendente, ya que esta iglesia típicamente jesuítica sigue escrupulosamente la planta de cruz latina. Continúa aquí la catarata de oro que nos invade y que baña cada mínimo detalle. Cuentan con dos magníficos retablos dedicados, una vez más, a san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

EL PÚLPITO Y OTROS DETALLES

En el lado derecho del crucero se encuentra el púlpito, una obra de gran delicadeza y llena de detalles, como todo en esta iglesia. En realidad es el elemento más moderno del edificio, ya que es una reproducción del original que data de alrededor de 1900. Tiene forma de cáliz y cuenta con más de 250 figuritas, entre santos y querubines. 

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

Al principio de la nave central no debemos dejar de admirar la preciosa puerta de entrada flanqueada también por columnas salomónicas. Sirve también como soporte para el coro y el órgano, situados justo encima. Preciosas son las escaleras de caracol que dan acceso a aquéllos (por cierto, la de la derecha es un audaz trampantojo), y encantadores los niños (putti) de la parte superior.

Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía
Iglesia de la Compañía

Toda la iglesia está repleta de incontables detalles que suponen un deleite para la vista. Estatuas de santos realizadas con patético realismo, o a veces con candorosa ingenuidad, como es el caso del grupo principal del retablo mayor.

Iglesia de la Compañía

Hay que mirar en todas direcciones, también en el interior de los arcos que separan las capillas o en los espectaculares confesionarios. Especialmente graciosos, pero no por ello menos delicados, son los querubines, esos ángeles reducidos a una cabeza con alas. Son todos diferentes y están llenos de expresividad.

Iglesia de la Compañía

 

Cuenta una leyenda que Felipe IV, rey de España y de las Indias, estaba espantado por el elevadísimo coste de las obras de esta iglesia quiteña, y mirando hacia el oeste desde el balcón del Alcázar de Madrid, exclamaba: 

Cuesta tanto la construcción de ese templo, que debe de ser una obra monumental; entonces, deben verse desde aquí sus torres y cúpulas.

Según esta leyenda, el monarca pensaba que ese altísimo presupuesto se debía a su tamaño, cuando en realidad era causado por la exuberancia de su ornamentación y la riqueza de los materiales empleados. Sin duda, si algún día hubiera podido contemplar la iglesia de la Compañía de Quito, el hombre que reinaba sobre tres continentes y dos océanos habría sentido admiración y satisfacción.

NOTA: Agradezco a la Fundación Iglesia de la Compañía de Jesús de Quito la gentil colaboración ofrecida para la realización de las fotografías que acompañan este artículo.

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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4 comentarios sobre “Fotografiando la iglesia de la Compañía de Quito

  1. Te has superado. El texto muy trabajado, y esas fotografías…El gran angular muy bien utilizado, la composición, todo. Sabes que este es uno de mis lugares favoritos de la América Hispana, una auténtica joya. Y tú le has dado el tratamiento que se merece. Magnífico.

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    1. Muchas gracias Antonio. Sé cómo te impresionó este lugar, porque gracias a tus fantásticas fotos lo descubrí, y sentí la misma emoción cuando lo vi con mis propios ojos.

      Sí, le he puesto muchas ganas y muchas horas, tanto a las fotos como al texto. Y ha sido difícil hacerlo sin caer en la tentación de mirar tu artículo, no quería repetirlo, aunque sí me inspiró en cierto modo. Por ejemplo la idea de incluir una descripción del material fotográfico y la técnica empleada. Creo que es interesante para que se pueda valorar mejor el trabajo. El material del que dispongo es bueno, pero modesto.

      La verdad es que estoy muy contento con el resultado. Este reto fue una gran oportunidad para aprender y para conocer mis propias capacidades y limitaciones. Y tu comentario, teniendo en cuenta la calidad de tus fotos y tu conocimiento de las características de la iglesia, aún me hace sentir más satisfecho.

      Gracias de nuevo y un saludo.

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  2. Nunca habia visto ninguna iglesia tan impresionante y con esa riqueza, y menos que estuviera en Quito, muy buen trabajo como siempre. Un saludo

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