SALZBURGO (II): CONTEMPLANDO LA CIUDAD DESDE LAS ALTURAS

REPÚBLICA DE AUSTRIA

La ciudad austriaca de Salzburgo es famosa por su belleza, lo que la ha convertido en un destino de primer orden. A esta belleza, además de su extraordinario patrimonio arquitectónico, también contribuye su ubicación geográfica y su adaptación al entorno natural. El casco urbano se encuentra a orillas del río Salzach, afluente del Eno, que a su vez muere en el Danubio. Dicho río pasa entre dos montes, el de los Capuchinos y el de los Monjes (tantos siglos de teocracia se notan hasta en la toponimia). En lo alto de este último, en la orilla sur, se encuentra el Castillo de Salzburgo (Hohensalzburg), y en el pequeño espacio que queda entre este monte y el río se construyó la ciudad antigua allá por la Edad Media. Ahí se concentra la mayoría de los lugares de interés, aunque no los únicos: la orilla norte no carece de atractivos, ni mucho menos. Para demostrarlo vamos a comenzar el recorrido por el Palacio Mirabell, actualmente sede del Ayuntamiento de Salzburgo.

   

EL ARZOBISPO Y SU NUMEROSA PROLE

El arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau, prototipo del señor renacentista, se educó en Roma, conoció de cerca a los Medici y quiso convertir a su ciudad en la Roma del norte. Proyectó una catedral mayor que la basílica de San Pedro de la Ciudad Eterna, pero no consiguió realizarla. En cambio, sí vio realizado el Palacio Mirabell, que mandó construir para Salomé Alt, una bellísima judía que le dio 15 hijos (no se aburría el arzobispo). El palacio se incendió en 1818 y se reconstruyó sobriamente. En el interior se puede ver la escalera monumental, que se salvó de las llamas, con una asombrosa decoración escultórica en mármol.

Palacio de Mirabell

Palacio de Mirabell

Atravesando el edificio llegamos a los jardines, también famosos porque en ellos se rodaron escenas muy recordadas de la película de 1965 Sonrisas y lágrimas (en Hispanoamérica La novicia rebelde). Los jardines fueron diseñados en 1690 por el más grande arquitecto del barroco austriaco, Johann Bernhard Fischer von Erlach, y decorados con grupos escultóricos de motivos mitológicos. Avanzando por ellos veremos al fondo en lo alto la omnipresente fortaleza, que nos espera.

Palacio de Mirabell

Jardines de Mirabell

Al salir de los jardines llegaremos a una plaza presidida por la imponente iglesia de la Trinidad (Dreifaltigkeitskirche), también una obra barroca de Fischer von Erlach, que como vemos fue muy activo en Salzburgo. En un lateral de la plaza, justo ante nosotros, veremos la Vivienda de Mozart (Mozart Wohnhaus), donde el genio vivió varios años y compuso algunas de sus más célebres obras. Hoy es un museo muy interesante con objetos y documentos de la familia Mozart, el cual no hay que confundir con la Casa Natal del compositor (Mozarts Geburtshaus), que ya vimos en la primera parte de este artículo. Los muy melómanos pueden visitar ambas, para el resto una de las dos será suficiente.

Iglesia de la Trinidad

UN MIRADOR POCO CONOCIDO

Muy cerca de esta iglesia se encuentra la subida hacia el Monte de los Capuchinos (Kapuzinerberg), que nos interesa especialmente por el magnífico mirador situado a medio camino de la subida al monasterio que le da nombre. Se accede por unas empinadas escaleras, pero vale la pena por las vistas que nos regala de todo el centro histórico al otro lado del río, aunque también se aprecia una buena vista de la orilla norte por la que acabamos de pasear.

Kapuzinerberg

Kapuzinerberg

El inconveniente de este mirador es que está orientado hacia el sur, por lo que en un día soleado nos encontraremos con un molesto contraluz, todo un reto para el fotógrafo. En cualquier caso, esta panorámica es una estupenda introducción a lo que nos espera al otro lado del río, la zona más rica y conocida del centro histórico de Salzburgo. Tras una hilera de casas ribereñas distinguimos, sobresaliendo entre los tejados, las cuatro iglesias más ricas e importantes de la ciudad: la de la Universidad, la de los Franciscanos, la de San Pedro y la catedral de San Ruperto, las cuales ya conocimos en la primera parte de este artículo. Detrás, sobre el Monte de los Monjes (Mönchsberg), dominando la ciudad, está la fortaleza de Hohensalzburg.

Kapuzinerberg

Kapuzinerberg

Kapuzinerberg

UNA FORTALEZA INEXPUGNABLE

Otra de las claves que hacen de Salzburgo una ciudad única es su simbiosis perfecta con el entorno que la rodea, que permite realizar paseos en plena naturaleza, como comprobaremos inmediatamente subiendo a la fortaleza Hohensalzburg. Para ello podemos usar el funicular o subir a pie por las rampas que arrancan desde su base, en la plaza del Capítulo. La fortaleza, que fue residencia de los príncipes-arzobispos hasta el siglo XVI, se alza a 120 metros sobre el río Salzach. Para defenderse de posibles ataques, los arzobispos fortificaron el Hohensalzburg con torres, barbacanas y bastiones para los cañones. Y lo hicieron muy bien, pues jamás nadie fue capaz de conquistarlo.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

VISTAS PANORÁMICAS DE TODA LA REGIÓN

Desde los bastiones las vistas son magníficas, tanto de la ciudad (al norte) como de los Alpes Salzburgueses (al sur). En el primer caso podemos observar todo el centro histórico cortado en dos por el río Salzach. Es posible distinguir todos y cada uno de los lugares que hemos ido visitando a lo largo de nuestro paseo. Al otro lado del río, justo enfrente, la montaña de los Capuchinos y en su ladera el monasterio desde cuyo mirador ya tomamos otras fantásticas instantáneas. Un poco más lejos el palacio Mirabell y sus jardines.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

A este lado del río, imponente y enseñoreándose del centro histórico, la catedral de San Ruperto. De menor tamaño, a su izquierda, las otras tres iglesias: la de San Pedro, la de la Universidad y la de los Franciscanos. En el caso de ésta última, nuestra posición nos permite apreciar la extraña forma que surge de la yuxtaposición de su gran cabecera gótica sobre las pequeñas naves románicas.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Rodeando los baluartes defensivos llegamos al lado sur, donde se encuentra la cafetería del castillo. Tomar fotos en un día soleado vuelve a tornarse difícil por el molesto contraluz, pero en todo caso podemos ver las llanuras por donde se extienden algunos barrios residenciales modernos. Al fondo, las montañas de Berchtesgaden, ya en territorio alemán. En una de ellas se encuentra el famoso Nido del Águila, el refugio de montaña que perteneció a Adolf Hitler y que ya vimos en otro artículo.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

EL INTERIOR DEL CASTILLO

En el castillo se pueden visitar los aposentos de los arzobispos, que conservan su delicadísima ornamentación realizada en madera, aunque no su mobiliario. La fortaleza alberga asimismo varios interesantes museos, entre ellos una buena colección de armas medievales, armaduras e instrumentos de tortura.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Muy interesante es el Museo del Regimiento Rainiero (Rainer-Regimentsmuseum) -llamado así en honor de su comandante el archiduque Rainiero de Austria, que tuvo su sede en Salzburgo hasta la disolución del Imperio en 1918. Finalmente, no debemos olvidar la encantadora colección de marionetas dieciochescas expuestas en varias de las salas de esta antigua fortaleza.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

EL MONTE DE LOS MONJES

Desde Hohensalzburg se puede dar agradables paseos en plena naturaleza por los senderos que recorren el Monte de los Monjes (Mönchsberg), que entre antiguas fortificaciones defensivas nos ofrecerán otras asombrosas vistas panorámicas hacia ambas laderas. Asimismo, éste es el mejor lugar para ver desde fuera la fortaleza que acabamos de visitar, considerada la más grande completamente conservada en Europa.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Podemos bajar del monte por el mismo lugar por el cual hemos subido, o bien tomando unas escaleras situadas al lado del Auditorio de Salzburgo, muy cerca de la plaza de la Universidad. Esta última bajada nos permite ver otra perspectiva de las iglesias que sobresalen entre los tejados del casco antiguo.

Hohensalzburg

Hohensalzburg

Al bajar del monte llegamos a una recogida plaza, otra más, esta vez dedicada a otro insigne salzburgués, Herbert von Karajan. En ella aún nos encontramos con otra delicada sorpresa: la Fuente de los Caballos, obra, cómo no, de Johann Bernhard Fischer von Erlach. Que el más grande arquitecto del barroco germánico esté presente en Salzburgo con tantas obras, nos da una idea del poder político y sobre todo económico de los arzobispos que la gobernaron durante siglos y quisieron emular a la mismísima Roma. La fuente, de 1693, en principio fue diseñada para las caballerizas del príncipe-arzobispo, pero hoy tiene como fondo la pared rocosa que acabamos de descender.

Fuente de los Caballos

Terminamos aquí el recorrido, pero las posibilidades son inagotables. Salzburgo es una ciudad de ensueño, llena de encanto y rincones inolvidables. Una ciudad para recorrer despacio, para observar con calma la armonía de sus formas. Una ciudad que te envuelve como una melodía. De Mozart, por supuesto.

RELATOS DE OTROS VIAJEROS

Viajes y vivencias: Austria – Alemania V: Salzburgo, Hallstatt y Múnich
Donde me dejes llevarte: De un lugar llamado Salzburgo…

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2 comentarios sobre “SALZBURGO (II): CONTEMPLANDO LA CIUDAD DESDE LAS ALTURAS

  1. Realmente una ciudad que me encanto, historia, paisajes, tiene un alo de bienestar acogedor, que hace que sea un lugar para recordar siempre, y ademas fuiste el guia que tuvimos en el viaje.

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