SOBREVOLANDO LAS LÍNEAS DE NAZCA EN PERÚ

Quienes pasamos la infancia en los años 80 en España nos familiarizamos con los programas de televisión del doctor Fernando Jiménez del Oso, centrados en los misterios y enigmas. Gracias a él muchos conocimos la existencia de unos gigantescos dibujos trazados en el desierto peruano, un lugar fascinante a la par que lejano. Los amenos programas del siquiatra madrileño, de carácter documental, sin duda forman parte indeleble de nuestra memoria colectiva, a pesar de su falta de rigor científico y su querencia hacia las teorías más fantasiosas para explicar los misterios. En realidad, los supuestos misterios no son tales, ya que siempre se puede encontrar una explicación lógica y científica. Éste es el caso de las Líneas de Nazca, razón por la cual en el presente artículo no se va a dar la más mínima atención a ridículas teorías de marcianos y similares. No obstante, es de justicia rendir un homenaje a quien amenizó nuestras tardes en blanco y negro y nos dio a conocer este impresionante lugar.

Y he aquí que un día te encuentras en Lima, capital de Perú, y estás planificando tu viaje por el sur del país (con un 50 % de improvisación, como ya viene siendo mi costumbre) y te percatas de que apenas a 400 quilómetros al sur de la capital está aquel lugar enigmático llamado Nazca, y de repente aparecen en tu memoria esas imágenes en blanco y negro tomadas desde el aire… Quién me iba a decir que muchos años después, gracias al abaratamiento de los transportes y al avance de las tecnologías, yo mismo podría estar tomando mis propias imágenes aéreas de aquellos famosos y antiguos dibujos trazados en el desierto…

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NAZCA, UN POBLACHÓN EN MEDIO DEL DESIERTO

Quien visite la localidad de Nazca no encontrará gran cosa en ella. Aunque es una ciudad española, fundada en 1548 por don Alonso de Mendoza, poco o nada queda hoy de ella, ni siquiera -cómo no- mención de sus orígenes y su fundador. Hoy parece un gran poblachón de unos 40.000 habitantes, con las típicas construcciones de dos o tres pisos sin gracia ni estilo definido, mezclando hormigón visto con carteles de plástico de colores chillones y muchos edificios dejados a medio construir. Es decir, las habituales construcciones de influencia gringa que han invadido toda Hispanoamérica. De la ciudad española queda, eso sí, su trazado cuadriculado y el nombre de su plaza principal, Plaza de Armas. Hay que reconocer lo cuidadas que suelen estar las plazas en Perú, tanto sus jardines como su mobiliario urbano, y ésta no es una excepción. Pero más interesante que aquélla es la Plaza Mayor Turística de Vista Alegre, el barrio sur de la ciudad cercano al aeródromo. Está decorada con bonitos paneles explicativos de las figuras de Nazca, convertidas en el indudable y omnipresente símbolo de la ciudad.

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PERO ¿QUÉ SON LAS LÍNEAS DE NAZCA?

Son un conjunto de geoglifos trazados sobre las llanuras desérticas cercanas a la localidad de Nazca. Según la datación por carbono 14, fueron realizadas por los indios nazcas, cuya cultura se desarrolló en estos parajes entre los siglos I y VIII de nuestra era. Fueron descubiertas en 1547 por don Pedro Cieza de León, gran conquistador y cronista del Reino del Perú, que las observó y dio noticia de ellas, aunque no llegó a percibir su significado, ya que las confundió con caminos. Ya en el siglo XX, fueron redescubiertas por los aviadores que las sobrevolaban y por el arqueólogo peruano Toribio Mejía, mientras hacía senderismo por la zona en 1927. Y es que, contrariamente a la creencia generalizada, no sólo se aprecian desde el aire, sino también desde las colinas circundantes. Los nazcas realizaron más de 1.000 rectas casi perfectas y una treintena de figuras de animales -las más numerosas, las aves-, de plantas y hasta una humana. Estas figuras son realmente gigantescas, pues algunas superan los 200 metros de longitud.

ENIGMAS DE SENCILLA EXPLICACIÓN

El primer misterio al que se enfrentaron los estudiosos de estas sorprendentes líneas, es el de cómo fueron hechas. Examinándolas de cerca se comprobó que los nativos simplemente limpiaron de guijarros el trazado de estas líneas, de una anchura variable entre 40 centímetros y 2,10 metros. El desierto, visto desde el aire, aparece de una tonalidad rojiza, que es la que tienen los guijarros que lo cubren y que se debe al óxido de hierro. Sin embargo, la tierra que hay debajo, seca e improductiva, es de carácter yesoso, por lo tanto blanquecina. Así de sencillo. El cómo consiguieron trazar las líneas con tanta precisión, incluso rectas de varios quilómetros, tampoco es difícil de explicar: usando estacas y tensando cuerdas entre ellas para las líneas rectas, y usando los mismo utensilios pero enrollando la cuerda para las espirales. Los dibujos eran previamente dibujados a una escala mucho menor y después trasladados al desierto con ayuda de unas nociones básicas de geometría. Es decir, sencillo, lógico y al alcance de una cultura primitiva. En cuanto a su significado, tampoco hay que recurrir a elucubraciones extravagantes: los nazcas simplemente hicieron estos dibujos gigantes para agradar y obsequiar a sus dioses, que los verían desde las alturas (hum, esto me suena…), los cuales a su vez los premiarían con las lluvias tan necesarias en este árido lugar.

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LLEGA EL MOMENTO DE VOLAR

Que para eso hemos venido a este lugar perdido en medio del desierto peruano. Podemos contratar el vuelo en alguna de las muchas agencias turísticas que hay en el centro de la localidad. Escojamos, por qué no, una de expresivo nombre en español (debería ser obvio, pero en Hispanoamérica no lo es), sólo para comprobar que nos pedirán una cantidad en la moneda de los bárbaros gringos. Miraremos al tipo con extrañeza, volveremos a preguntarnos por enésima vez qué carajo pinta esa moneda en esta conversación, diremos por enésima vez, encogiéndonos de hombros, aquello de oiga, yo no soy gringo, él nos mirará como diciendo ah, pero ¿es posible no ser gringo? ¿existe algo más en el mundo?, añadiremos yo no tengo de eso, ¿para qué voy a tener de eso? y al cabo de unos segundos de incómodo silencio nos dirá una cifra en soles (la moneda peruana), con una cara como si al usar su propia moneda en su propio país estuviera cometiendo una extravagancia… en fin, el absurdo ritual de siempre en Hispanoamérica. La cifra en cuestión equivale a 60 €, lo cual es un precio muy adecuado a lo que nos van a ofrecer.

A la hora que nos indican, un vehículo nos acerca hasta el aeródromo de la localidad. En sus pistas apenas hay capacidad para avionetas que se dedican exclusivamente a sobrevolar las famosas líneas. La terminal y la torre de control son de las mismas pequeñas dimensiones, se diría un aeropuerto de Famóbil. Al llegar, hay que abonar una tasa aeroportuaria y seguidamente te ponen un documental sobre las líneas.

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Al salir a la pista y subir a la avioneta uno siente una cierta inquietud. Sus pequeñas dimensiones dan una inevitable sensación de fragilidad, sensación que uno no tiene en un vuelo comercial. Las hay con capacidad para hasta diez pasajeros, pero la nuestra es de las más pequeñas, apenas para dos personas. De todos modos, la emoción de emprender por primera vez un vuelo de estas características, más la posibilidad de captar unas impresionantes instantáneas, así como la confianza en el buen hacer de los pilotos, pueden más que la inquietud inicial.

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Apenas despegamos y dejamos atrás el aeródromo, uno se relaja y se centra en admirar la belleza del desierto, en identificar y fotografiar cada detalle que vemos a través de las ventanillas. En pocos segundos te acostumbras al vuelo de la avioneta, lo que unido a la baja altura – entre 200 y 350 metros sobre el suelo- te hace sentir casi como un pájaro. El vuelo realmente se disfruta, e incluso los pilotos se atreven, no sin pedir permiso a los pasajeros, a realizar algún descenso brusco para darle un poco más de emoción. Por lo que respecta a las líneas, que a fin de cuentas son el objetivo de este vuelo, el copiloto nos transmite toda la información a través de los cascos, en todo momento nos indica cada figura que va apareciendo bajo nosotros. Al sobrevolar cada figura, el avión realiza dos pasadas, de modo que las puedan observar y fotografiar los pasajeros de ambos lados.

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En las cercanías del aeropuerto distinguimos con cierta sorpresa algunos campos cultivados, pero enseguida el paisaje adquiere un aspecto claramente desértico. Se pueden ver bastantes cauces secos de lo que algún día fueron ríos y hoy sólo están cubiertos de guijarros. Suaves colinas aquí y allá salpican unos parajes donde predominan las llanuras secas de tonos rojizos y blanquecinos, que serán precisamente los dos colores que nos permitirán, por contraste, apreciar las famosas figuras.

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LAS FAMOSAS LÍNEAS DE NAZCA

Ya desde el comienzo y a lo largo de todo el recorrido encontramos larguísimas líneas rectas, que en ocasiones se van ensanchando a modo de embudo, y en otros casos se combinan formando grupos de quebradas o figuras geométricas, sobre todo trapecios. Estas líneas, que pueden alcanzar varios quilómetros de longitud, en algunos puntos se cruzan en gran número, como si quisieran señalar algo. Hacerlas no reviste gran dificultad, como ya hemos aclarado, pero su significado y utilidad sigue en discusión y son más enigmáticas que las figuras que veremos después.

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LA BALLENA

La primera figura que aparece ante nuestras cámaras es este cetáceo. Observándolo bien, y suprimiendo las varias líneas quebradas que lo atraviesan, podemos apreciar las muy correctas proporciones del animal. Dado que los nazcas no disponían de la tecnología para cazar ballenas, es de suponer que sólo pudieron observar a estos gigantescos animales en alguna ocasión en que quedasen varados en la cercana costa. Mide 27 metros de longitud.

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EL ASTRONAUTA

Es la única figura antropomorfa de todo el recorrido. También es la única situada en la ladera de una colina. Recibe asimismo el nombre de hombre-búho, por sus grandes ojos saltones, nombre que es mucho más apropiado, ya que de ninguna manera los nazcas pudieron representar (ni siquiera imaginar) a un astronauta. Pero las estúpidas teorías de marcianos son más populares que la verdad… Su altura es de 32 metros.

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EL MONO

A continuación sobrevolamos las cinco figuras más conocidas, que representan, todas ellas, animales. La primera es la de este simio de enorme cola enroscada, situado junto a un grupo de líneas rectas quebradas y una gran figura trapezoidal. Los nazcas, tan minuciosos en el trazado de sus figuras, aquí cometieron un error: las manos del mono sólo tienen nueve dedos. Tiene 135 metros de longitud.

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EL PERRO

O quizá un chacal, pero en todo caso un cánido. Se puede apreciar claramente que la figura fue realizada con un solo trazo continuo que se conecta con otras líneas vecinas, de modo que se puede decir que el dibujo no tiene ni principio ni fin. El porqué de esta curiosa técnica, que es común a todas las figuras, es desconocido, pero sin duda no es casual. Mide 51 metros.

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EL COLIBRÍ

Entre las figuras zoomorfas de Nazca, las aves son las más numerosas. La más conocida probablemente es ésta, que por su largo y afilado pico, así como la forma de sus alas y cola, indudablemente es un colibrí. Su longitud es de 96 metros, y la envergadura de sus alas es de 66 metros.

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EL CÓNDOR

Una de las figuras de mayor tamaño es esta ave de 136 metros. Por la forma de sus garras y la disposición de sus alas, sin duda es un ave rapaz, y estando en Perú no puede tratarse sino de un cóndor. Eso sí, los nazcas se entusiasmaron demasiado con el pico…

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LA ARAÑA

Otra figura conectada a un enorme trapezoide. Sus proporcionadas y armoniosas formas muestran la extraordinaria habilidad de sus creadores. Mide 46 metros de largo.

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EL LAGARTO Y LA CARRETERA PANAMERICANA

Pasamos ahora sobre el lagarto, una larguísima figura de 140 metros. Junto a él también hay un árbol y unas manos (que no aparecen en la imagen). Esta figura fue cortada en dos por la Carretera Panamericana, construida en 1938, cuando las líneas apenas se conocían y obviamente no eran valoradas como hoy. Pero ya es casualidad que en un país de más de un millón de quilómetros cuadrados, o lo que es lo mismo, dos veces España, no pudieran hacerla pasar por otro lugar… Y lo que es peor: entre más de 30 figuras, ¿tenían que cortar precisamente la del lagarto?

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EL PAPAGAYO

Así es como han bautizado a esta extraña figura que parece realizada por un antepasado nazca de Picasso. En fin, lo pueden llamar El papagayo o La llave inglesa colgando de un radiador… o cualquier otra cosa. Mide 200 metros.

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EL PÁJARO FRAGATA

El mismo antepasado nazca de Picasso perpetró esta figura después de ponerse ciego de pisco. A la izquierda podemos adivinar la cabeza del ave con unos ojos saltones que ya anuncian lo que va a ocurrir después: hacia la parte derecha de la figura el autor empieza a desvariar y la cola se diluye en un delirio geométrico sin sentido aparente. Alcanza los 160 metros.

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UN PAISAJE DE AGRESTE BELLEZA

El vuelo de vuelta al aeródromo, una vez fotografiadas las figuras, nos permite centrarnos en el paisaje y percibir su belleza de rotundas formas, creadas por el duro clima de la región. Pero precisamente es ese clima el que ha conservado las líneas prácticamente intactas durante probablemente más de 15 siglos. La extrema sequedad -las precipitaciones son prácticamente nulas- crea una capa de aire caliente en la superficie que actúa como colchón e impide la aparición del viento, por lo que las líneas nunca se borran.

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Apenas treinta intensos minutos después de haber despegado, alcanzamos de nuevo la población de Nazca. La perspectiva aérea nos permite ver las típicas casas bajas, muchas de ellas a medio hacer, y el trazado en cuadrícula que caracteriza las jóvenes ciudades americanas. Si Nazca es fea a pie de calle, desde las alturas no mejora en absoluto. El vuelo ha sido cómodo y la experiencia inolvidable. El buen trabajo de los pilotos merecerá una propina.

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En la actualidad, las Líneas de Nazca son una importante fuente de ingresos para los habitantes de esta pequeña ciudad perdida en el desierto peruano. Sin duda los indios nazcas nunca pudieron imaginar algo así, ya que para ellos tenían un significado ritual de gran importancia. Representan el esfuerzo colectivo de todo un pueblo llevado a cabo durante decenas o quizá cientos de años, y además -lo más sorprendente y digno de admiración- sabiendo que nunca podrían ver el resultado de su trabajo, ya que nunca pudieron volar. Por ello, por poder ver su obra como ellos no pudieron, y por contemplar un lugar que toda una generación tantas veces sobrevoló con la imaginación, vivir esta experiencia es todo un privilegio.

 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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4 comentarios sobre “SOBREVOLANDO LAS LÍNEAS DE NAZCA EN PERÚ

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