LA ISLA DE SANTORÍN (I): VIVIR SOBRE UN VOLCÁN

Entre las islas griegas, Santorín (mucho mejor que la forma italiana Santorini) debe su fama a algunos de los paisajes más impresionantes del mundo, los que le regaló la Naturaleza a través de una catástrofe de proporciones titánicas que se produjo en una fecha no determinada entre el 1600 y el 1500 a.e.c. En ese momento adoptó su particular fisonomía: Santorín es una isla con forma aproximadamente de media luna que mira hacia el oeste, rodeando un pequeño mar interior (la caldera). Grandiosos acantilados, inolvidables atardeceres y encantadores pueblecitos blancos son sus señas de identidad.

EL GRAN CATACLISMO: LA ERUPCIÓN MINOICA

Hace unos 3500 ó 3600 años lo que hoy es Santorín era una isla de forma más o menos redondeada, que por esto mismo se llamaba Stronguilí (Στρογγυλή, que significa precisamente redonda). El interior de la isla escondía un volcán que a lo largo de milenios había formado una gigantesca cámara magmática. Por lo tanto, todo el centro de la isla se asentaba sobre una base hueca que en el momento de la gran erupción se derrumbó. Lo que vino a continuación fue una hecatombe difícil de imaginar.

Santorín

Santorín

Se cree que la gran explosión se pudo oír en lugares tan lejanos como Escandinavia. Inmediatamente desaparecen millones de toneladas de tierra dejando un agujero de 84 quilómetros cuadrados. O lo que es lo mismo, un espacio de 12 quilómetros de largo por 7 de ancho. Su profundidad, 400 metros. Pero al mismo tiempo, dos grandes aberturas, al noroeste y al sudoeste, hacen que penetre el agua del mar Egeo en la gigantesca caldera que se acaba de formar, inundándola. Así, en la parte occidental también queda aislada la pequeña isla de Cirasía (Θηρασία). Como consecuencia de todo esto, el interior de la isla quedó cortado, formando los impresionantes acantilados de 220 metros de altura media y 300 de altura máxima (como la Torre Eiffel).

Santorín

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La gran erupción llegó acompañada por terremotos y, por efecto del repentino y brutal hundimiento de media isla, una devastadora ola gigante que llegó en pocos minutos a la vecina isla de Creta provocando la desaparición de la civilización minoica. Una columna de cenizas volcánicas se elevó en la atmósfera más de 30 quilómetros y en los siguientes días dio la vuelta a la Tierra. Se dice que la erupción fue la mayor catástrofe natural jamás registrada en tiempos históricos.

Santorín

LA CALDERA DE SANTORÍN

Los arqueólogos creen que los habitantes de aquella isla llamada Stronguilí pudieron prever el cataclismo y huir, y la isla (ya con su forma actual) fue repoblada varios siglos más tarde por los griegos, que la llamaron Cira (Θήρα), nombre que aún hoy se usa ocasionalmente. El nombre de Santorín (una deformación de Santa Irene) lo recibió de los venecianos en la Edad Media. Desde la gran erupción se conocen otras diez, siempre acompañadas de terremotos, de las cuales la última tuvo lugar en 1950. Como resultado de ellas, se fue acumulando material magmático en el centro de la caldera, que acabó por salir a la superficie y formar los dos islotes de Palea Cameni (Παλέα Καμένη) y Nea Cameni (Νέα Καμένη), literalmente Antigua Quemada y Nueva Quemada, que hoy constituyen la parte visible y accesible del cráter del volcán, donde aún hoy se producen emanaciones sulfurosas.

Santorín

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Como las costas exteriores, abundantes en playas, son de escasa profundidad, es precisamente dentro de la caldera donde se sitúa el puerto principal, el de Aciñós (Αθηνιός). Quien llega a la isla o sale de ella en barco, tendrá la oportunidad de contemplar la caldera y sus impresionantes acantilados desde dentro. Si por el contrario el medio escogido es el aéreo, igualmente vale la pena descender al puerto, no sólo por las citadas vistas interiores de la caldera, sino por recorrer las paredes de los acantilados a través de las múltiples revueltas de la carretera de acceso. El espectáculo natural es inigualable.

Santorín

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SANTORÍN DESDE ARRIBA: PIRGOS Y EL MONTE DEL PROFETA ELÍAS

El pueblo de Pirgos (Πύργος) se encuentra en una situación inmejorable en la ascensión al monte del Profeta Elías (όρος Προφήτης Ηλίας), justo en el centro de la isla y con una orientación que permite tener unas vistas panorámicas excepcionales. Desde este pueblo se domina toda la isla y la caldera, y se pueden identificar fácilmente en fila sobre el acantilado los pueblos de Firá (Φηρά), Firostefani (Φηροστεφάνι) e Imerovigli (Ημεροβίγλι), que visitaremos más adelante.

Santorín

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Santorín

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Pirgos es un pueblo encantador, uno de los más bonitos de la isla, injustamente eclipsado por los situados sobre los acantilados. Precisamente por eso, aunque no deja de tener visitantes, no está saturado como aquéllos. Está coronado por una iglesia en cuyos alrededores podemos explorar rincones curiosos que nos ofrecen bonitas perspectivas y puntos panorámicos.

Santorín

Santorín

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Como en otros pueblos alejados del bullicio, nos podemos encontrar con alguno de los más típicos habitantes de Santorín: los burros, de los que se dice que hay más que personas, aunque unos días por la isla nos revelarán que eso no es cierto.

Santorín

Santorín
Santorín

Desde Pirgos se puede ascender casi hasta la cima del monte del Profeta Elías, concretamente hasta el pequeño monasterio del mismo nombre. La cima como tal es zona militar y no es accesible. Desde aquí arriba la perspectiva es aún más majestuosa. De hecho, podremos contemplar el propio pueblo de Pirgos. Hacia la costa oriental se distingue perfectamente el aeropuerto.

Santorín

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HACIA EL SUR DE LA ISLA

Viajar al sur de la isla nos permitirá atravesar algunos pueblos del interior, alejados del bullicio de los pueblos del acantilado. Estos pueblos no son especialmente bonitos, pero quizá por eso son más auténticos, pues apenas están poblados por lugareños dedicados a la agricultura o actividades comerciales. El agobiante pichinglis que lo infecta todo nos dará un respiro, dejando paso a un ambiente mucho más natural. Veremos unas pinceladas de la Grecia rural, que en Santorín se traducen en viñedos y plantaciones de tomatitos del tamaño de una cereza, típicos de esta isla. Para protegerse del fuerte viento que suele azotar esta parte del Egeo, estas plantas adoptan la forma de matas bajas. Pero lo que sin duda llamará nuestra atención son las minúsculas ermitas blancas de cúpula o bóveda azul, plantadas por todos lados, hasta en medio de un campo cultivado. Muchas veces el propio agricultor, que aún cree que la meteorología está dirigida por un ser invisible que vive en las nubes, es quien la construye con sus propios medios. Como quien construye la caseta del perro en su jardín…

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PERISA Y LA PLAYA ROJA

En el sur de la isla encontramos dos playas de gran interés. Una es la de Perisa (Περίσσα), situada al final de la carretera, junto a la gran mole del monte del Profeta Elías que se introduce en el mar. Es una playa negra, de origen volcánico, como casi todas en Santorín. A pesar de que en los últimos años el lugar se ha urbanizado bastante, sigue siendo la mejor de la isla; es espaciosa y agradable, sobre todo fuera de la temporada alta. Incluso está equipada con una rampa para facilitar el baño a los minusválidos.

Santorín

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En una isla de playas negras, la Playa Roja (Κόκκινη Παραλία) sin duda es toda una atracción. Situada en el extremo sur de la isla, para acceder a ella hay que abandonar la carretera y continuar por un sendero. No hay mucho espacio entre el agua y la pared rocosa roja que le da nombre, y lamentablemente suele estar llena de tumbonas que le hacen perder todo el encanto. Como en toda la isla, para apreciar su belleza y disfrutarla en tranquilidad lo ideal es huir de la temporada alta.

Santorín

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ATARDECER EN EL FARO DE ACROTIRI

Acrotiri (Ακρωτήρι) significa cabo, y eso es precisamente lo que hay en extremo sur de la media luna formada por los restos que dejó la gran Erupción Minoica. Es un lugar de visita obligada por las grandiosas vistas panorámicas que se obtienen del conjunto de la caldera. Se pueden apreciar los 18 quilómetros de acantilados en toda su extensión, hasta el punto más lejano, el pueblo de Ía (Οία), situado en el extremo norte. El mejor momento para ello es al final de la tarde, ya que la luz rojiza del atardecer ilumina los acantilados de una forma realmente deliciosa.

Santorín

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En Acrotiri hay un faro. Precisamente a esta hora en este lugar se congrega un gran número de personas que no se quieren perder una puesta de sol inolvidable. Es el fondo perfecto para una foto romántica mientras el astro rey se pone tras el horizonte interminable del mar Egeo. Aquí la puesta del sol es muy diferente de las que podremos contemplar en otros puntos del acantilado, ya que tiene lugar en mar abierto, no tras la pequeña isla de Cirasía. Y parece que el tiempo se detiene mientras uno se extasía con la sencilla belleza del momento.

Santorín

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La desgracia de los primitivos pobladores de Santorín, hace más de tres milenios, fue la fortuna de los actuales. Un gigantesco cataclismo dotó a esta isla de unas características geológicas que la hacen única en el mundo. Sus paisajes no tienen parangón, más aún si los combinamos con la luminosidad propia del mar Egeo y con el pintoresquismo de sus pueblecitos blancos desparramándose por el borde del precipicio. Y eso es precisamente lo que vamos a conocer en la segunda parte de este viaje a la más famosa de las islas griegas.

 

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