LA ISLA DE SAN ANDRÉS (II): LOS RAIZALES Y EL “MAR DE LOS SIETE COLORES”

Cuando uno llega a la isla de San Andrés, en el Caribe colombiano, se lleva una impresión decepcionante provocada por la fealdad y la falta de interés de su capital, que es poco más que un supermercado del champú. Eso sí, una vuelta a la isla nos permitirá disfrutar de deliciosos paisajes que nos harán verla de otra forma (véase la primera parte de este artículo). Desde esas costas vemos todos los matices que nos ofrece ese mar de azules interminables y nos preguntamos cómo será adentrarse en ellos, cómo serán de cerca. Eso es lo que vamos a ver en la excursión a los cayos. Pero antes visitaremos el interior y conoceremos a sus habitantes, los raizales.

QUIÉNES SON LOS RAIZALES

Efectivamente, entre los isleños hay una minoría llamada raizales, que supone aproximadamente el 20% de la población. Ellos se consideran la población autóctona, y creen que el resto son algo así como intrusos. Sin embargo, son ellos los verdaderos usurpadores, ya que esta isla, descubierta por Cristóbal Colón en su cuarto viaje, era española desde 1502. Fue ocupada por los piratas ingleses -perdón por la redundancia- como lo fueron tantas islas y territorios, tales como Jamaica, las Bahamas o Trinidad, que quedaron para siempre infestadas de anglos. San Andrés es el único pequeño territorio que se recuperó, en el siglo XVII, y en una quijotesca actitud, las autoridades españolas permitieron a los anglos no sólo quedarse, sino conservar su idioma.

Caribe colombiano

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La mayor parte de estos anglos viven en el interior de la isla, aunque también se les puede encontrar en la costa oriental y en menor medida en la capital. Desde ésta se puede tomar una carretera que se adentra hacia la zona llamada La Loma, un cerro que alcanza los 85 metros, la mayor altura de la isla. Allí los lugareños son todos negros -raizales- y muchas indicaciones están escritas en la lengua de los bárbaros. Desde su independencia, Colombia ha permitido no sólo la supervivencia de esta anomalía anglosajona, sino incluso su preservación y su consideración como minoría nativa, en claro contraste con el exterminio de toda cultura -muy especialmente la hispánica- en todo aquel territorio usurpado e infestado por los bárbaros anglosajones. La lista de ejemplos es demasiado extensa para las dimensiones de este artículo.

Caribe colombiano

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Un claro ejemplo lo encontramos en la iglesia baptista de La Loma, que muestra una simplona arquitectura de madera que podría parecer sacada de cualquiera de las islas caribeñas que los piratas robaron y nunca fue posible recuperar. Una vez en el interior es posible subir al campanario usando una muy empinada escala de madera, poco recomendable para quien sufra de vértigo. Desde arriba se obtienen unas magníficas vistas de toda la isla, de su capital, de los manglares y del Mar de los Siete Colores. Ya las vimos en este artículo.

Caribe colombiano

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Iglesia evangélica

LA LAGUNA DE LA LOMA

La misma carretera nos lleva hasta el lugar donde un cartel nos anuncia el desvío hacia la laguna de La Loma. Ahí está también preparado un lugareño a la espera de turistas; por un precio aceptable lo contratamos para que nos guíe por esos parajes. La laguna es el hogar de una rica fauna que incluye peces, aves acuáticas, iguanas y caimanes -que observamos a una prudente distancia-, tiene unos 30 metros de profundidad y por razones obvias no es apta para el baño.

Caribe colombiano

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En el resto del paseo, siguiendo a nuestro guía por caminos y veredas, descubrimos unos tranquilos parajes prácticamente aislados del resto de la isla: gigantescos y centenarios árboles, rebaños de vacas regresando de pastar y modestas viviendas de los raizales.

Caribe colombiano

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EL MAR DE LOS SIETE COLORES

Después de tanto observar el Mar de los Siete Colores, ha llegado el momento de conocerlo de cerca. Sin duda una de las mejores experiencias en San Andrés es la excursión a los cayos, unos islotes llanos y bajos rodeados por unas aguas de poquísima profundidad. Se encuentran al este de la isla y están poblados por gran cantidad de criaturas marinas fácilmente accesibles para su observación. Esta excursión de puede hacer en grandes grupos a bordo de embarcaciones que parten desde el puerto de la capital, pero una experiencia como ésta bien vale un desembolso mayor con el fin de obtener un servicio personalizado. Nos aconsejan buscar a un lugareño llamado La Conciencia que vive en el barrio de San Luis, al sur de la capital.

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El nombre oficial de La Conciencia es Guásinton o Güélinton o algo por el estilo, como él mismo nos contó. Uno de esos horrendos nombres anglos. Habla un español malo, con el grotesco acento de los gringos, pero se hace entender. Éste es el resultado de la permisiva política del gobierno colombiano. El caso es que el hombre es muy amable y ciertamente simpático; nos lleva a su casa para que nos cambiemos, pues hay que ponerse el bañador y los dos accesorios que se pueden comprar por doquier en la isla: unas gafas de buceo con un tubo para respirar y unas zapatillas de goma. Sí, sorprendido adorador de los anglos: se dice buceo.

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Por 80 € tenemos sus servicios y su embarcación a nuestra disposición para realizar la excursión a los cayos. Nos promete hacerlo sin prisas, con el mismo recorrido que hacen los grupos, pero con una atención personalizada, y ciertamente el precio me parece justo y ni siquiera regateo. Navegando a levante vamos a poder analizar las diferentes tonalidades del dichoso Mar de los Siete Colores y confirmar lo que ya sabemos: difícilmente se aprecian más de cuatro tonos de azul. Sí, porque el color sólo es uno, el azul, aunque quizá las féminas creerán ver varios colores en lo que sólo son tonos y les pondrán fantasiosos nombres. No obstante, esta realidad lingüística no le resta un ápice de belleza cromática.

Caribe colombiano

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El mar alrededor de San Andrés, especialmente al norte y al este de la isla, presenta como hemos dicho una variedad de azules que la han hecho famosa, aunque es justo decir que el mismo efecto óptico es posible encontrarlo en otros lugares del Caribe. Esas diferentes tonalidades se deben a la mayor o menor profundidad, a veces tan pequeña que el agua apenas cubre a la altura del estómago. Los primeros centenares de metros a partir de la costa son de un azul muy claro, ya que el fondo marino es de fina y blanca arena, lo cual hace que sea muy agradable caminar por él.

Caribe colombiano

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La Conciencia conoce este mar como la palma de su mano y nos lleva a los mejores lugares para observar de cerca estrellas de mar, erizos, algún minúsculo arrecife de coral y por supuesto las deseadas rayas. También hace su aparición alguna medusa.

Caribe colombiano

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A continuación, en la primera fotografía vemos a La Conciencia sacando del agua una estrella de mar, algo que no se debe hacer, ya que estos delicados animales sufren mucho y hasta pueden morir. No obstante, es una práctica habitual en la isla entre los guías de excursiones. En el momento de realizar nuestra visita a la isla desconocíamos este dato, y sin duda los muchos visitantes del lugar eran víctimas de la misma ignorancia. Es mejor observar las criaturas marinas sin molestarlas, pero en caso de agarrarlas que sea siempre sin sacarlas del agua, como hace otro lugareño con una raya en la última imagen. Después de una larga reflexión sobre la conveniencia o no de mostrar estas imágenes, he decidido hacerlo para que quede bien documentado lo que NO debemos hacer cuando nos encontremos con estos animales.

Caribe colombiano

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Al navegar podemos tomar instantáneas de la costa, donde se distingue el Parque Regional de los Manglares y, más arriba, coronado por las antenas, el cerro de La Loma. Junto a nosotros también pasan otras embarcaciones que surcan estas aguas repletas de turistas, así como veleros deportivos o practicantes de otros deportes acuáticos.

Caribe colombiano

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LOS CAYOS DE SAN ANDRÉS

El cayo Acuario es una estrecha franja rocosa que apenas sobresale del agua unos centímetros. Entre sus arrecifes dispuestos en forma paralela hay una gran cantidad de peces que se pueden observar buceando entre ellos con toda comodidad, lo que ha dado origen a su nombre. Centenares de excursionistas desembarcan aquí para disfrutar de este espectáculo natural, mientras los tripulantes descansan un rato. En el lugar, muy frecuentado, se ha instalado un bar donde se preparan diferentes combinados de coco que podemos adquirir a un precio disparatado. Pero bueno, un día es un día…

Caribe colombiano

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Apenas a cien metros del cayo Acuario hay un islote un poco más grande, llamado Córdoba. Salvamos esa distancia caminando sobre el arenoso fondo marino, ya que no cubre más arriba de la pantorrilla. Aquí La Conciencia nos dirige a un chiringuito donde podemos comer algunas delicias marinas. Recordando aquella langosta que no pude comer ni fotografiar el año anterior en una playa dominicana (véase aquí), esta vez me desquito. Después del delicioso almuerzo aún tenemos tiempo para dar un paseo por el islote.

Caribe colombiano

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La excursión a los cayos supone un desembolso algo elevado pero sin duda vale la pena, pues la inolvidable experiencia es la guinda que le faltaba a este pastel. Eso sí, hay que tener en cuenta algunas apreciaciones. En primer lugar, hay que agenciarse unas gafas de bucear con tubo para respirar, así como un calzado de goma, elementos que se encuentran por doquier en la isla. En segundo lugar, es preciso protegerse del inmisericorde sol caribeño, que en San Andrés es sencillamente criminal, ya que hay una altísima densidad de salitre en el aire, o lo que es lo mismo, millones de cristalitos flotando, que como microscópicas lupas te van a abrasar la piel. Por lo tanto, crema solar factor un millón y en cantidades industriales. No, no es broma: de hecho cada pocos minutos deberás parar la moto para limpiar tus gafas de sol y poder ver la carretera. Obviamente, esto también afectará a tu cámara fotográfica. Por último, recuerda NO sacar las estrellas de mar del agua, es decir, justamente NO hacer lo que se muestra en este artículo.

 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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