LA ISLA DE SAN ANDRÉS (I): CÁLIDA, SORPRENDENTE Y SOBRE TODO AZUL

Cuando el avión se aproxima a la isla de San Andrés uno no puede evitar quedar fascinado por la intensidad y la variedad de azules del mar que la rodea. Así es, en esta isla promocionan el Mar de los Siete Colores, y desde las alturas se empieza a vislumbrar el porqué. Es cierto que no se ven siete colores, sino uno solo, pero la sensación es la de que este mar no es como los demás. La estancia en San Andrés, no exenta de algunas decepciones, estará sin embargo llena de sensaciones, y no sólo cromáticas. Las deficientes infraestructuras turísticas de esta isla harán que la primera impresión sea negativa y que uno se pregunte ¿qué hago yo aquí?, pero a poco que uno se proponga darle una oportunidad con cierto optimismo, esta isla nos conquistará.

¿SAN ANDRÉS? ¿POR DÓNDE CAE ESO?

El archipiélago de San Andrés y Providencia es uno de los menos conocidos del Caribe. Se compone de las dos islas homónimas y algunos islotes menores y se encuentra cerca de las costas de Nicaragua, aunque pertenece a Colombia. Aquélla reconoce la soberanía colombiana (a cambio del reconocimiento por parte de ésta de la soberanía nicaragüense sobre la Costa de los Mosquitos), pero ambos países mantienen un litigio no resuelto a propósito de las aguas jurisdiccionales. Mejor dicho, sí lo resolvió un fallo del Tribunal Internacional de La Haya, fallo que Colombia se niega a aceptar, ya que de acatarlo perdería parte de esas aguas.

Caribe colombiano

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La isla de San Andrés es la principal; tiene 12 quilómetros de longitud en el eje norte-sur y apenas 3 de anchura en el eje este-oeste. En este pequeño espacio se concentran más de 70.000 habitantes (sin contar los miles de turistas que la visitan durante todo el año), lo que arroja una densidad de más de 1.600 habitantes por quilómetro cuadrado, con mucha diferencia la más alta de toda Colombia y de toda la región del Caribe.

Ciertamente la isla no está adecuadamente preparada para el turismo. Con una jeta marmórea, nos tendrán haciendo una interminable y serpenteante cola para pagar una tasa de entrada, y para completar el despropósito, tendremos que estar bajo un calor sofocante en una sala del aeropuerto sin aire acondicionado. Sí señores, lo nunca visto: para entrar en la isla hay que pagar y además te torturan un rato en el aeropuerto. Véase:

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LA CAPITAL, PARA UN RATO Y NADA MÁS

La capital es un pueblo de nulo interés situado en el extremo norte de la isla. Lo primero que llama la atención es que está saturado de tiendas de productos electrónicos y tiendas de champúes. Sí, has leído bien, amigo lector: champúes (¡!) Sin embargo, en una isla que vive del turismo hay una notable carencia de establecimientos hoteleros y de restaurantes, y los que hay tienen precios abusivos, por lo que con suerte encontrarás alojamiento un poco menos caro en el otro extremo de la isla. Por otro lado, los alquileres de vehículos también son exageradamente caros y además absurdos, ya que tienes que devolverlos… ¡a las seis de la tarde! ¿Cómo se supone que has de volver a tu lejano alojamiento? ¿pagando un también carísimo taxi? En esta isla las infraestructuras y los servicios son muy deficientes, pero los precios son de la Costa Azul.

Caribe colombiano

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Por todo entretenimiento, la capital tiene dos grandes playas. Una, en el centro urbano, cuenta con un espigón y suele estar atestada de gente y motos acuáticas. También hay chiringuitos y peluqueras callejeras o vendedores ambulantes.

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En esta playa uno de los grandes atractivos son los pelícanos que, ya acostumbrados a los bañistas y los curiosos, sobrevuelan nuestras cabezas y se lanzan en picado para darse un festín de peces. El altísimo nivel de salitre en el ambiente se aprecia a simple vista en forma de neblina, como queda patente en estas fotos. Y atención, que también puede afectar al objetivo de la cámara.

Caribe colombiano

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La otra playa, mucho más bonita y despejada, está en las inmediaciones del aeropuerto. Es fantástica para pasear. Como la otra, al estar orientada al norte, ofrece una buena luz para fotografiar el llamado Mar de los Siete Colores durante la mayor parte del día.

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LA COSTA OCCIDENTAL

La mejor manera de conocer la isla es, como es obvio, alquilando un vehículo para recorrer la carretera que la rodea completamente. La costa más bonita es la occidental, pues apenas tiene población y se muestra más salvaje. En gran parte es rocosa y cuenta con algunos miradores para detenerse a fotografiarla. En ella podemos descubrir incluso grullas en medio de la carretera. Por cierto, en esta carretera se anuncia una cosa llamada Cueva del Pirata Morgan; si bien es cierto que este criminal (condecorado por su rey con indisumulada desvergüenza) tomó brevemente la isla, el lugar es un auténtico cuento chino en el que no vale la pena ni parar. Luego no digas que no estabas avisado.

Caribe colombiano

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EL HOYO SOPLADOR

En el extremo sur de la isla se encuentra el famoso Hoyo Soplador, una cavidad natural en las rocas costeras que se ha convertido en un lugar muy atractivo para los curiosos. No tiene nada de extraordinario: el hoyo funciona a modo de chimenea y las olas, al romper contra las rocas, hacen expulsar con fuerza un chorro de agua. En las concavidades de las rocas uno puede entretenerse buscando cangrejos; los hay por doquier.

Caribe colombiano

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En el lugar encontraremos las únicas tiendas de recuerdos de la isla (otra cosa rara…) y también algunos lugares donde comer o tomar algo regentados por raizales (unos nativos de los que hablaré después) que imitan la estética de los porreros jamaicanos. Están por toda la isla. Por motivos estrictamente comerciales, en todos lados se venden cosas que representan a Jamaica y sus piratas como si fueran propias. Algo tan estúpido como vender torres Eiffel en Roma o coliseos en París.

Caribe colombiano

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LA COSTA ORIENTAL

La costa oriental tiene dos partes. La parte meridional está poco poblada y cuenta con playas pequeñas pero agradables. Conducir en moto por esta parte de la isla es una gozada, pues la carretera está flanqueada por preciosos palmerales a un lado y el azulísimo mar Caribe al otro.

Caribe colombiano

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Conforme avanzamos hacia el norte la presencia humana es más evidente. La carretera está flanqueada por casas de madera más o menos destartaladas -que recuerdan aún la invasión de los piratas-, puestos de comida, amarraderos y embarcaciones. Se puede parar en varios puestos rudimentarios donde las lugareñas ofrecen comida casera a precios -cómo no- muy hinchados. Lo cierto es que será la oportunidad de probar platos para nosotros exóticos, como la tortuga o el caracol gigante, servidos al modo colombiano, es decir, con varias cosas en el mismo plato, tales como plátano frito, frijoles o el omnipresente arroz.

Caribe colombiano

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Hay un barrio llamado San Luis donde predominan los raizales. Desde aquí, mar adentro, se pueden ver varios buques encallados y ya oxidados. La costa cercana a la isla es peligrosa por su baja profundidad.

Caribe colombiano

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Al entrar en la capital por esta costa oriental pasamos por el pequeño puerto, que tiene capacidad para barcos de poco calado. Aquí se acumulan las algas y al lado mismo del paseo marítimo podemos ver algunas rayas como las que veremos en nuestra excursión a los cayos.

Caribe colombiano

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La isla de San Andrés aún nos depara grandes experiencias que vamos a descubrir en la segunda parte de este artículo. Las carreteras del interior nos llevarán hasta La Loma, donde habitan la mayoría de los raizales. También conoceremos a La Conciencia, un tipo muy peculiar que nos llevará a navegar por el Mar de los Siete Colores, en cuyas cálidas aguas de intensos tonos azules nadaremos con preciosas y delicadas criaturas.

 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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