BUCAREST EN 80 IMÁGENES (II)

No cabe duda de que Bucarest no entra en las clasificaciones de las ciudades más bonitas de Europa, sería absurdo negarlo. Sin embargo, esta ciudad ofrece un nivel de contrastes difícilmente superable por otras urbes más afamadas del Viejo Continente, lo que hace de ella un destino extraordinariamente interesante. Desde la plaza de la Revolución, que alberga varios edificios decimonónicos de gran belleza, pero que también fue el escenario del trágico desenlace de la dictadura de los Ceaușescu, o los numerosos engendros de los años 70 y 80 desperdigados por sus avenidas, hasta un mastodonte estalinista, sin olvidar las pequeñas iglesias ortodoxas que sorprendentemente han sobrevivido al paso de lo siglos.

41.  La plaza de la Revolución (piața Revoluției) de Bucarest es un espacio irregular al que se asoman varios edificios de un gran valor histórico y que permiten hacer un recorrido por diferentes épocas de la convulsa Historia de Rumanía. En el extremo sur de esta plaza se encuentra el lujoso Gran Hotel Continental.

Grand Hotel Continental

42. La plaza de la Revolución está atravesada en sentido norte-sur por la calle de la Victoria (calea Victoriei). En esta calle se encuentra el antiguo Palacio Real, que actualmente alberga el Museo Nacional de Arte de Rumanía (Muzeul Național de Artă al României).

Palacio Real de Bucarest

43. Un elegante cartel informativo relativo a la Historia del palacio Real.

Palacio Real de Bucarest

44. Justo enfrente del antiguo Palacio Real se encuentra el edificio más majestuoso de esta plaza, la Biblioteca Central Universitaria. Delante de ella, la estatua ecuestre de Carlos I (1839-1914), primer rey de Rumanía.

Biblioteca Central Universitaria de Bucarest

45. A un lado del Palacio Real está la pequeña pero encantadora iglesia Crețulescu, una muestra del estilo del renacimiento rumano, desarrollado en Valaquia entre los siglos XVII y XVIII con influencias orientales (bizantinas y otomanas) y occidentales (renacentistas y barrocas).

Iglesia Crețulescu de Bucarest

46. Frescos del porche de la iglesia Crețulescu, originales de principios del siglo XVIII.

Iglesia Crețulescu de Bucarest

47. Interior de la iglesia Crețulescu. Los frescos son añadidos del siglo XIX.

Igleisia Crețulescu de Bucarest

48. El lado oriental de la plaza de la Revolución lo ocupa la antigua sede del Comité Central del Partido Comunista Rumano (PCR), hoy Ministerio del Interior. En diciembre de 1989 aquí se produjeron unas imágenes que dieron la vuelta al mundo: el momento en que el dictador Nicolae Ceaușescu se enfrentó a una multitud que lo abucheaba. Fue el principio del fin para él y para su todopoderosa esposa Elena. La plaza cambió su nombre tradicional (piața Palatului, plaza del Palacio) por el actual a raíz de estos hechos.

Ministerio del Interior de Rumanía

49. Balcón del edificio anterior, situado en el primer piso sobre la entrada principal. Desde aquí Ceauşescu intentó inútilmente controlar a las masas. Instantes después huyó junto a su esposa en helicóptero desde la azotea, sólo para ser apresados, juzgados y fusilados en la ciudad de Târgovişte.

Ministerio del Interior de Rumanía

50. Panorámica de la plaza de la Revolución tal como la veían los Ceauşescu en sus últimos instantes como tiranos omnímodos. El feo y puntiagudo monumento está dedicado a las víctimas del levantamiento popular de aquellos días de 1989.

Plaza de la Revolución de Bucarest

51. No menos feo es este engendro perpetrado en el centro de la plaza y dedicado al político Iuliu Maniu, muerto en prisión bajo el régimen comunista. Si el pobre levantara la cabeza…

Iuliu Maniu

52. A un lado de este histórico lugar encontramos la sede de la Unión de Arquitectos de Rumanía, que se diría perpetrada por alguno de sus colegas de Zaragoza. A un palacete del siglo XIX inspirado en el Renacimiento francés le añadieron ese truño cúbico de vidrio. Y aún tendrán el cuajo de firmar sus atentados urbanísticos…

Unión de Arquitectos de Rumanía

53. Saliendo de la plaza por el norte nos encontramos con el majestuoso Ateneo Rumano, principal sala de conciertos de la capital y del país. Para muchos rumanos, este edificio simboliza más que ninguno el período en que Bucarest fue llamada el París del Este.

Ateneo Rumano

54. El Palacio CEC fue construido en 1900 en estilo ecléctico como sede del Banco de Ahorros y Consignaciones (CEC por sus siglas en rumano). Domina, imponente, la parte baja de la calle de la Victoria (calea Victoriei). Actualmente espera su reconversión como museo.

Palacio CEC

55. La cúpula del Palacio CEC se destaca entre los edificios del centro histórico.

Palacio CEC

56. En el lado opuesto de la calle de la Victoria se erige un imponente edificio neoclásico, el Museo Nacional de Historia de Rumanía.

Museo Nacional de Historia de Rumanía

57. En la escalinata de acceso del citado museo se erige una de las estatutas más grotescas del orbe. Supuestamente representa al emperador Trajano, nacido en Hispania y conquistador de la Dacia (más o menos el territorio de la actual Rumanía). El problema es que está desnudo, con expresión avergonzada, y tiene una loba incrustada en la barriga (obsérvese que no la sostiene a pesar de tener las manos extendidas), mientras al animal le sale de la nuca una especie de serpiente descabezada. Un despropósito del que se ríen hasta los propios bucarestinos.

Estatua de Trajano

58. Junto al museo, una de las muchas pequeñas iglesias ortodoxas que resisten a la sombra de grandes edificios: se trata de la iglesia de los Orfebres (Biserica Zlătari), del siglo XIX.

Iglesia de los Orfebres de Bucarest

59. Interior de la iglesia de los Orfebres. Su rico iconostasio hace honor al gremio al que pertenecía.

Iglesia de los Orfebres

60. Una mujer tiende la ropa, despreocupada, a la vista de todos en un edificio vulgar de la calle de la Victoria.

Calea Victoriei Bucuresti

61. También en la calle de la Victoria se encuentra el pasaje Macca-Vilacrosse, con forma de letra U y cubierto por una bóveda de vidrio, que alberga restaurantes y locales donde se puede fumar en pipa de agua.

Pasaje Macca-Vilacrosse

62. Otra imagen del elegantísimo pasaje Macca-Vilacrosse.

Pasaje Macca-Vilacrosse

63. Un edificio decimonónico de la calle de la Victoria equipado con focos de iluminación para los carteles publicitarios que últimamente han invadido la ciudad.

Calle de la Victoria

64. Por desgracia, espantosos inmuebles modernos también se han enseñoreado del casco antiguo.

Edificio en la calle de la Victoria

65. La plaza de la Universidad (Piața Universității) es una de las más bonitas del centro histórico. Está decorada por cuatro estatuas de personajes importantes de la Historia rumana. En primer término, la del escritor y político Ion Heliade-Rădulescu (1802-1872).

Plaza de la Universidad

66. En la misma plaza destaca la estatua del príncipe de Valaquia Miguel el Valiente (1593-1601).

Plaza de la Universidad

67. Cerca de la anterior plaza, ya en la avenida Nicolae Bălcescu, el Museo del Municipio de Bucarest, situado en un bonito palacete del siglo XIX.

Museo del Municipio de Bucarest

68. En la misma avenida destaca el magnífico edificio del Hospital Clínico Colțea, neoclásico del siglo XVIII.

 Hospital Clínico Colțea

69. La iglesia de Colțea o de los Tres Patriarcas, también del renacimiento rumano, justo delante del hospital del mismo nombre.

 Iglesia Colțea

70. Frescos del atrio de la iglesia de Colțea, del siglo XVIII.

 Iglesia Colțea

71. Interior de la iglesia de Colțea.

 Iglesia Colțea

72. La avenida Nicolae Bălcescu se extiende hacia el norte con edificaciones del siglo XX, la mayoría del período comunista. Su animado tráfico pasa entre enormes carteles publicitarios que cubren las fachadas.

Avenida Nicolae Bălcescu

73. En la capital rumana uno de los más reconocibles símbolos del capitalismo, una conocida marca de refrescos, parece tener especial gusto por los inmuebles representativos del realismo socialista.

Avenida Nicolae Bălcescu

74. Uno de los edificios más llamativos de esta avenida es el Ciclop, construido en 1923. Antiguamente usado como estacionamiento de automóviles, muestra un estado de absoluta decadencia.

Avenida Nicolae Bălcescu

75. Otra imagen característica del Bucarest de nuestros días.

Avenida Nicolae Bălcescu

76. El norte de Bucarest se estructura en grandes avenidas flanqueadas por zonas residenciales de palacetes, parques y lagos. Aquí, la plaza de Charles de Gaulle al caer la tarde.

Plaza Charles de Gaulle

77. El metro de Bucarest se compone de cuatro líneas y 53 estaciones, poco para la extensión de la ciudad. La mayoría de ellas fueron construidas en los años 80, bajo el mandato de Ceaușescu, y tienen el sórdido aspecto heredado de aquel régimen. Por suerte, los trenes son bastante modernos y cómodos. En la imagen la estación de Aviadores (Aviatorilor), sita en la plaza Charles de Gaulle.

Estación Aviatorilor

78. El Arco de Triunfo (Arcul de Triumf), en la entrada a la ciudad desde el norte, fue construido en 1936 y tiene 27 metros de altura.

Arco de Triunfo

79. La iglesia Caşin, situada cerca del Arco de Triunfo, es un ejemplo de que la arquitectura cristiana ortodoxa sigue anclada en el modelo bizantino, ya que se construyó en el siglo XX (curiosamente a lo largo del período comunista).

Iglesia Caşin

80. El edificio estalinista por excelencia de Bucarest recibió el nombre de Casa de la Chispa (Casa Scanteii), por ser la sede del periódico del Partido Comunista de Rumanía (Scanteia, La Chispa). Hoy se llama Casa de la Prensa Libre (Casa Presei Libere). Situado en la salida norte de la ciudad, se inspira en los rascacielos moscovitas erigidos por el tirano soviético (que ya vimos en dos artículos). Con sus 32.000 metros cuadrados fue el edificio más grande de Rumanía hasta la construcción de la Casa del Pueblo de Ceaușescu, y aún hoy es el más alto, pues la antena alcanza los 104 metros. El engendro que se ve en primer plano sustituye a una gran estatua de Lenin que fue derribada tras la Revolución de 1989.

Casa de la Prensa Libre de Bucarest

En la capital rumana son bien visibles las cicatrices de la Historia. La destrucción, el abandono, el deterioro de una gran parte de su patrimonio, las aberraciones urbanísticas, a veces grotescas, y el paso del régimen comunista que como una apisonadora arrasó con barrios enteros. Sin embargo, parece integrar todas sus contradicciones con sencilla naturalidad. El pueblo rumano soportó con resignación tiranías y miserias, sobrevivió a todas ellas y las asume como parte de su pasado. Y Bucarest nos las recuerda en sus calles.

 

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