PUESTA DE SOL ENTRE VOLCANES EN GUATEMALA

Como país ribereño del océano Pacífico, Guatemala está atravesada por una zona de gran actividad sísmica y volcánica. De hecho, la Historia del país, desde la época española hasta nuestros días, está trufada de violentas erupciones. Resultado de ellas fueron la destrucción de la capital de la Capitanía General de Guatemala, la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (hoy más conocida como Antigua Guatemala) en 1773, así como la fundación de una nueva capital, Nueva Guatemala de la Asunción (la actual Ciudad de Guatemala) y la destrucción también de ésta en 1917.

 

 

Varios de los volcanes ubicados en territorio guatemalense siguen activos en la actualidad. Probablemente el más accesible y frecuentado por los turistas es el volcán de Pacaya, situado en el departamento (equivalente a nuestras provincias) de Escuintla, muy cerca del límite con el departamento de Guatemala. Efectivamente, su cercanía a la capital, así como al principal centro turístico del país, la ciudad de Antigua Guatemala, hacen de él un volcán perfecto para visitarlo en una excursión de unas pocas horas.

 

Guatemala

 

Diferentes agencias organizan sus excursiones partiendo desde ambas ciudades. A una hora convenida te recogerán en tu hotel y probablemente te verás totalmente rodeado por gringos y asimilados, aunque la ventaja es que en este caso les habrán prevenido de que lleven ropa y calzado normales y no tendrás que verlos descalzos mostrando sus dedacos sucios o ridículamente vestidos con bañador y chancletas. Las excursiones se pueden hacer por la mañana o por la tarde, pero es mucho más recomendable lo segundo, como descubriremos a continuación.

 

Guatemala

 

Pongamos que salimos de Antigua Guatemala. Tendremos aproximadamente una hora de camino por anodinas carreteras y feísimos pueblos. En la entrada del Parque Nacional del Volcán de Pacaya y la Laguna de Calderas tendremos unos minutos para dejar nuestros datos, pagar la tarifa de entrada e ir al baño si lo deseamos. Un guía nos acompañará en la ascensión y nosotros nos cuidaremos de advertirle de que nos hable en español, pues de lo contrario, dada la invasión de gringos y asimilados, nos tomará por uno de ellos. Los guatemalenses piensan que todo aquel que no parezca indio es gringo y empiezan con el pichinglis sin preguntar, así que más vale evitarlo desde el principio.

 

Guatemala

 

La ascensión, por una senda de montaña polvorienta, se hace algo dura por el calor y la altitud, más aún si cargas una mochila con material fotográfico. Tenemos la posibilidad de hacerla a caballo, aunque no gratuitamente. Si lo solicitamos sin preguntar el precio, después deberemos abonar 200 quetzales (unos 25 €), pero si regateamos antes de montar probablemente podremos sacarlo por la mitad. Los équidos son muy dóciles y fáciles de cabalgar, aun sin tener ninguna experiencia previa. Son muy experimentados y saben perfectamente por dónde deben subir o bajar la montaña.

 

Guatemala

 

Al final, tras una hora de marcha, llegamos a la cima del monte, donde se abre una explanada de fina y negra tierra volcánica que sirve de mirador no sólo para contemplar nuestro objetivo, el volcán de Pacaya, sino también el paisaje circundante. Pero por desgracia no vemos nada, pues nos encontramos rodeados por nubes bajas, una densa y gris niebla que se diría londinense. La decepción nos invade, aunque el guía nos dice que posiblemente la niebla va a levantarse al cabo de unos minutos.

 

Guatemala

Guatemala

 

Uno no se lo cree, pues es realmente espesa y no deja ver apenas nada, pero para nuestro asombro la profecía se cumple. Unos rayos de sol se cuelan entre las nubes y dejan entrever unos volcanes en la lejanía. El cartel explicativo nos dice que se trata del volcán de Agua (en primer término), y detrás el Acatenango y el volcán de Fuego, los tres que rodean la ciudad de Antigua Guatemala.

 

Guatemala

Guatemala

 

Mientras, el sol, que ya se abre paso definitivamente, ilumina el bello pelaje de nuestros caballos. Son realmente unos buenos ejemplares, nada que ver con los rocines que nos llevaron años antes a uno de los santuarios de la mariposa monarca en Méjico.

 

Guatemala

 

Hacia el norte se deja ver la pequeña laguna de Calderas, que como su propio nombre indica es el antiguo cráter de un volcán ya extinto ocupado por el agua. Su aspecto no deja lugar a dudas.

 

Guatemala

 

Y ahora sí, en cuestión de minutos, justo ahí delante, el volcán Pacaya se ha hecho presente. Este volcán forma parte de la que los guatemalenses llaman Cordillera Central, aunque en realidad es una prolongación de la Sierra Madre mejicana. Para la vulcanología forma parte del Arco Volcánico Centroamericano, toda una cadena de volcanes que se extiende desde aquí hasta Panamá. En otros artículos ya vimos el Masaya en Nicaragua y el Arenal en Costa Rica.

 

Guatemala

Guatemala

 

El Pacaya lleva unos 300.000 años activo y constan como mínimo 23 erupciones desde la época española. Las últimas son muy recientes, de 2010 y 2014. Justo ante nosotros se extiende el río de lava que dejó en ésta última. El volcán se encuentra al sur, de modo que está iluminado lateralmente por el sol. Perfecto para fusilarlo con la cámara.

 

Guatemala

Guatemala

 

Al cabo de unos minutos, el guía nos indica que es hora de ir a verlo más de cerca. Justo cuando lo dice, vuelve a aparecer la niebla. En el descenso prácticamente vamos a ciegas, pero nuestros experimentados animales saben muy bien por dónde pisar. Al llegar abajo, la niebla se esfuma y uno se pregunta si este guía no será capaz de manejar los elementos atmosféricos a su antojo…

 

Guatemala

Guatemala

 

Ya descabalgados apreciamos la belleza de la lava bajo la luz del atardecer que ya se aproxima. Nos encontramos justo donde se detuvo el río de lava por la propia elevación del terreno. Puede uno imaginarse la imagen pavorosa de esa mole incandescente abalanzándose contra el monte. La lava, tres años después de la erupción, ya está solidificada, pero no por ello deja de ser impactante. Sin embargo sí que encontramos unas fumarolas donde el guía nos invita a fundir unas gominolas. Lástima que por aquellos pagos no conozcan la longaniza de Aragón…

 

Guatemala

Guatemala

Guatemala

 

El tiempo apremia, así que escalamos el río de lava y nos dirigimos hacia la falda del volcán. Uno se siente como un insecto frente a este gigante y no puede dejar de reflexionar sobre el inmenso poder de la Naturaleza.

 

Guatemala

Guatemala

Guatemala

 

Al llegar frente al volcán vemos que el río de lava, que no pudo seguir de frente, sí pudo hacerlo hacia un lado, de modo que por allí seguimos y nos paramos con el grupo para tomar algunas impresionantes instantáneas.

 

Guatemala

Guatemala

Guatemala

 

El Pacaya, quién sabe si agradeciéndonos la visita o a modo de advertencia, escupe unas cuantas rocas incandescentes por el cono del cráter. Desde aquí parecen pequeñas, pero cualquiera de ellas pesa varias toneladas.

 

Guatemala

 

Nuestro guía no sólo maneja misteriosamente el tiempo atmosférico, sino también el cronológico. En el momento adecuado nos hemos situado al lado del volcán pero mirando hacia el oeste, donde nos espera una visión que no nos imaginábamos. El astro rey no podía ser menos y nos regala un ocaso de ésos inolvidables. Antes de ponerse, tiñe el cielo de rojo; a continuación se transforma en una bola del mismo color y desaparece.

 

Guatemala

Guatemala

Guatemala

 

El grupo comienza el descenso por otro polvoriento camino de tierra volcánica. Impactados por la belleza del volcán y de la puesta del sol, nadie puede imaginar que aún falta lo mejor.

 

Guatemala

 

Apenas en el primer recodo del camino, ante el grupo se muestra una de las más impresionantes visiones de nuestras vidas. Es uno de esos momentos en que uno se siente privilegiado. Entre el mar de nubes se yerguen los tres volcanes que habíamos visto aparecer tímidamente hace un rato: el volcán de Agua, el Acatenango y el volcán de Fuego.

 

Guatemala

Guatemala

Guatemala

 

Las tres imponentes moles se encuentran a 36 quilómetros de nuestra posición y sin embargo parece que los podamos tocar. La vista es perfecta: los tres, uno detrás de otro y enmarcados por el resplandor rojizo del ocaso. Permanecemos allí unos minutos para extasiarnos con este momento único y continuamos el descenso hasta nuestra furgoneta, a la que ya llegaremos de noche cerrada.

Nota: en este estupendo artículo de Viajes y Fotografía hay espectaculares imágenes de la lava incandescente de la erupción de 2014.

 
 
 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

 
 
 
logo (1A)

 
 
 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s