A LA CAZA DEL GRINGO EN SAN JUAN DEL SUR (NICARAGUA)

BANDERA DE NICARAGUA 1Nos encontramos en San Juan del Sur, en la costa del Pacífico nicaragüense. Este lugar nos obsequió con una gloriosa puesta de sol sobre el horizonte oceánico, como ya vimos en otro artículo. Ahora, por la mañana, nos acercamos de nuevo a la playa y la vemos de otra forma. El sol está a nuestra espalda y lo que vemos es una playa común y corriente, una extensión de arena donde baten las olas. En el centro de la bahía sigue fondeada la flota cuya silueta se recortaba en el cielo rojo del ocaso del día anterior. Ahora vemos que efectivamente se trata de una mezcla de barcos pesqueros y de recreo.

 

 

Ahí siguen los chiringuitos playeros, con un lado en la calle y otro en la arena, que perezosos comienzan su actividad mientras las palmeras se mecen con la brisa tropical. Al fondo, sobre uno de los promontorios que cierran la bahía, se yergue un cristo de gran tamaño y factura poco expresiva. La playa, en fin, está muy tranquila, apenas hay bañistas o paseantes, la temperatura es agradable… se diría un paraíso para aquellos que consideran que un lugar no vale la pena si no es un montón de arena delante de un montón de agua salada.

 

Océano Pacífico

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Pero, a no ser que extendamos una toalla y nos tumbemos al sol como lagartijas, no hay nada más que ver aquí. Es el momento de adentrarnos en la localidad para ver qué nos depara. Quizá nos ofrezca algo de interés… aunque está claro, tras un breve paseo, que no es así, por lo menos desde un punto de vista estético. San Juan del Sur es un pequeño poblachón sin ningún edificio reseñable, sin ningún monumento con un mínimo valor. Sin embargo, inmediatamente comprobamos que esta población fácilmente olvidable es un hábitat donde prolifera una especie parásita e invasora: el Homo Anglosaxonicus, más concretamente su subespecie Homo Gringus. Así pues, armados con nuestra cámara, nos vamos a la caza del gringo.

 

Océano Pacífico

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Pero antes, para comenzar nuestro safari, es necesario crear un marco adecuado:

 

 

El Homo Gringus es fácilmente reconocible por su tez blanquecina de aspecto tísico, que se vuelve inmediatamente roja por exposición al sol, así como por su atuendo ridículo y grotesco que incita a la carcajada. No, no es que se vistan así en Güisconsin o en Milguoqui… allí, aun a pesar de su mal gusto en el vestir, es de suponer que se mantengan dentro de lo que podemos llamar una vestimenta normal. Sin embargo, en su infinita ignorancia y estupidez, el gringo cree que al viajar e invadir otro ecosistema, debe disfrazarse. En este caso sufre una metamorfosis para ofrecer su cara más horrible: es el llamado turista gringo.

 

Océano Pacífico

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Soportar esta horrible visión no es tan fácil como pudiera parecer, y menos cuando las hordas de Homo Gringus en su versión turista son una auténtica plaga. Están por todos lados y su contemplación puede producir vómitos compulsivos. En los casos más graves el observador poco experimentado puede sentir impulsos suicidas o cuando menos la necesidad de arrancarse los ojos. Desde aquí queremos advertir de la extrema peligrosidad que supone adentrarse en un territorio invadido por esta nociva especie.

 

Océano Pacífico

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El atuendo suele consistir en un bañador o calzón floreado y una camiseta que deje entrever sus rojizas carnes. Puede estar combinado con cualquier complemento de pésimo gusto. En la cabeza, la marca de la casa: una gorra preferentemente colocada al revés. No, no es para protegerse del sol, pues la siguen llevando de noche (muestra de su escasa capacidad neuronal). Como calzado, apenas unas chancletas (sí, por la calle) que muestren los dedacos grasientos y las uñacas sucias, o en su versión más extrema, directamente se mueven descalzos por el asfalto. Nada es suficiente para el Homo Gringus a la hora de mostrarse como un auténtico cerdo. Por la noche, si refresca un poco, se los cubren calzándose unas sandalias con calcetines. Debemos añadir que tal horror visual es perpetrado sin el mínimo pudor.

 

Océano Pacífico

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El turista gringo carece por completo no sólo de buen gusto, sino también de pudor o sentido del ridículo. Con una exagerada arrogancia y una sorprendente ignorancia obtenemos una combinación explosiva que produce individuos de un aspecto tan ridículo que sería difícil de creer si no presentásemos este material fotográfico. El gringo se pavonea caminando con movimientos simiescos y cree que lo miran con admiración y no con lástima.

 

Océano Pacífico

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El Homo Gringus y en general la familia Homo Anglosaxonicus es invasora y nadie se encuentra a salvo: se siente muy cómodo infestando otros ecosistemas y extendiéndose en forma de plaga por el mundo. Una vez que llegan ya nada vuelve a ser igual. Muchos territorios civilizados dejaron de serlo y adquirieron el carácter bárbaro y primitivo de esta especie. Cuando llega a un nuevo ecosistema lo hace en forma de plaga y lo contamina hasta el punto de transformarlo y desnaturalizarlo.

 

Océano Pacífico

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Por ejemplo, en lugar de mimetizarse con los lugareños son éstos los que se ven impelidos a rebajarse a su nivel. Los centroamericanos (en realidad todo aquél que no pertenezca a la especie Anglosaxonicus) se visten como personas normales, sin estridencias ni extravagancias ridículas: pantalones, camisa, nada en la cabeza y por supuesto zapatos. Son limpios y no apestan. A diferencia de los gringos, no enseñan sin pudor sus pies negros llenos de mugre.

 

Océano Pacífico

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Sin embargo, el Homo Anglosaxonicus, con su limitado nivel de análisis y comprensión de la realidad más allá de su propio hocico, es incapaz de ver que está fuera de lugar, es incapaz de comprender su propia extravagancia. Como consecuencia, y dado su elevado número y su arrogancia innata, acaba obligando a la especie nativa a adoptar sus usos y su apariencia. Hoy en día, en San Juan del Sur predominan las tiendas donde todo está escrito únicamente en su horrenda parla gutural de absurda ortografía, esa ortografía que es fiel reflejo de su falta de cultura y de la más elemental lógica analítica. Jamás aprenden ni una sola palabra en la armoniosa lengua de Cervantes ni en ninguna otra y hablan a los nativos en su farfulla, como si éstos estuvieran obligados a conocerla y usarla.

 

Océano Pacífico

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El Homo Anglosaxonicus no concibe sentimientos elevados como el respeto por las culturas de otras especies, ya que él mismo carece de ella. Se dirige a los demás directamente con algo incomprensible como ajandemorl candemorl aguán apeich, u otra cosa parecida, que suena como si hablasen con la boca llena (y a veces así es). Cuando uno le responde con un habla en español, él mira sorprendido como si estuviese viendo un marciano y añade ¿no pichinglis? Tras esto, probablemente eructa y se desploma rendido por las ingentes cantidades de alcohol acumuladas en su primitivo organismo.

 

Océano Pacífico

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Lamentablemente, en San Juan del Sur los vemos por la noche montando escándalo por las calles a altas horas de la madrugada, eructando y vomitando por doquier, y cantando en su malsonante parla. Al día siguiente los vemos andando descalzos o semidesnudos por la calle, a veces con aire arrogante y mirando por encima del hombro a los nativos del país que están infestando, a veces sentados o tirados por la calle como piaras de gorrinos. Nada que no conozcamos a este lado del Charco, ya que aquí sufrimos las plagas del Homo Britannicus, antepasado directo del Homo Gringus, y todos sabemos que de tal palo tal astilla.

 

Dedicado a todos aquellos que se ven obligados a soportar la arrogancia y la absoluta falta de respeto de los bárbaros gringos y anglosajones en general.

 
 
 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
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