EL MONASTERIO DE PIEDRA: EL PARQUE NATURAL

Nombre oficial: Reino de EspañaBANDERA DE ESPAÑAESCUDO DE ESPAÑA
Superficie: 770.645 km² (con el Sahara Español)
Población: 46.439.864 habitantes (2015)
Capital: Madrid
Idioma oficial: español
Moneda oficial: euro (EUR)

 

En la primera entrega de esta serie, conocimos el monasterio que fundó en la Edad Media la orden benedictina cerca de la localidad aragonesa de Nuévalos. Conocimos la historia y las curiosidades de ese magnífico recinto monástico, y vimos cómo se convirtió en un reclamo turístico de primer orden. Pero sin duda lo que lo hace único en el mundo es su parque natural, el parque privado más visitado de Europa. En este artículo vamos a comenzar nuestro recorrido por esta maravilla de la Naturaleza.

 


 

El parque natural del Monasterio de Piedra está formado por el río Piedra, un afluente del Jalón (éste a su vez lo es del Ebro), al pasar por una hondonada encajonada entre barrancos, lo que produce una alta concentración de humedad. El resultado es una vegetación exuberante, que contrasta con el entorno árido de la comarca circundante. Además la tierra es rojiza, por su alto nivel de hierro, lo que crea bonitos contrastes cromáticos.

 

Juan Federico Muntadas

 

Una vez en el recinto, nos guiaremos por los carteles con flechas de dos colores, azules para entrar y rojas para salir, aunque bastará seguir el flujo de visitantes para no perdernos: sólo hay un camino y está bien señalizado. Apenas entramos, nos recibe un busto de Juan Federico Muntadas, quien en el siglo XIX exploró estos parajes, apreció sus posibilidades estéticas y turísticas, y los convirtió en el parque que hoy conocemos.

 

Celdas de monjes

 

En ese lugar también veremos a nuestra derecha las antiguas celdas de los monjes, hoy las habitaciones del hotel. A partir de ahí comenzamos la bajada que nos llevará al interior del parque, situado en el interior de un cañón practicado en el terreno por el río Piedra. El primer impacto lo obtenemos al ver la masa boscosa desde lo alto, a la altura de las copas de los árboles, en esta época del año teñidos de un amarillo rojizo.

 

Otoño

 

Efectivamente, aunque el parque natural es de una belleza inigualable durante todo el año, en otoño es aún más espectacular si cabe. Como es sabido, en las zonas templadas del planeta, donde nos encontramos, hay cuatro estaciones a lo largo de las cuales la Naturaleza se transforma y se renueva cada año. El otoño (en el hemisferio norte, entre septiembre y diciembre) es la estación en que muchas especies arbóreas tiñen sus hojas, que van pasando del verde al amarillo y después al rojo, antes de caer y dejar desnudas las ramas en el invierno.

 

Cascada en otoño

 

El rojizo bosque de altas copas no es sino el aperitivo de un apasionante paseo en el que las sorpresas apenas han comenzado. Seguimos el camino y pronto aparece el río Piedra, en realidad un modesto riachuelo que no hace presagiar las maravillas que nos esperan, pero que ya se oyen… Un rumor no muy lejano anuncia la presencia de una poderosa cascada que al poco ya se deja ver entre los árboles. Pero antes de llegar a ella, nos topamos con algo inesperado: el Lago de los Patos, un lago artificial con un islote en su interior que se usa para criar las aves que le dan nombre.

 

Lago de los Patos

 

Llegados a este punto debemos precisar que estamos en un parque natural acondicionado por la intervención humana. Es decir, tenemos un cañón rodeado de barrancos atravesado por un pequeño río que en su curso cae dos veces creando dos enormes cascadas. Esto es lo que hizo la Naturaleza. Todo lo demás, lagos o pequeñas cascadas, se han creado desviando inteligentemente pequeñas cantidades de agua y haciéndolas caer por los lugares indicados. Además se ha acondicionado un camino haciéndolo pasar por los lugares que ofrecen las mejores perspectivas. Se aprecia el mimo con que se cuida el lugar desde hace siglo y medio.

 

Río Piedra

 

Tras el exuberante lago llegamos a una pequeña cascada, llamada de la Trinidad. El camino sigue y nos ofrece las caprichosas formas de varias grutas de origen cárstico, para dirigirnos, ahora sí, a la cascada principal de esta parte del recorrido, la Caprichosa. Ésta es la que entreveíamos y oíamos al llegar. Hay un mirador en el que son inevitables los grupos de visitantes fotografiándose ante la enorme masa de agua cayendo. Una fina llovizna procedente de la cascada se proyecta hacia nosotros.

 

Cascada en otoño

 

El visitante ya está maravillado, pero no es capaz de imaginar que esto no es más que el principio. Empezamos a subir gracias a la escalera esculpida en la montaña cárstica aprovechando las grutas, algo que volveremos a ver aumentado más adelante en nuestro recorrido. Mientras ascendemos, seguimos viendo la cascada Caprichosa desde otras perspectivas.

 

Terreno cárstico Cascada Caprichosa Cascada Caprichosa Río Piedra Panel informativo Otoño

 

Ya en la parte alta de la cascada, atravesamos el río por un puente, que no será ni mucho menos el único. Ahora el sendero pasa por el otro lado de la hondonada y entre los árboles podemos ver los edificios monásticos.  En esta zona un ramal del río se desparrama por las rocas formando varias pequeñas y pintorescas cascadas que nos acompañan a lo largo del recorrido. Poco después llegamos a otra escalera esculpida que nos permite descender de nuevo al curso del río. Estamos en la parte alta de la cascada más alta, la Cola de Caballo, y podemos ver el lugar donde el agua se precipita al vacío en una caída de 50 metros.

 

Otoño Río Piedra Río Piedra Terreno cárstico Cola de Caballo

 

Al lado, un agujero en la roca por el que se introduce la gente anuncia el descenso y sugiere que seremos espectadores de algo grandioso. Y es cierto. Se trata del gran descubrimiento de Juan Federico Muntadas, la razón por la cual esculpió esta escalera atravesando la cavernosa roca cárstica. Algo que dejará al visitante boquiabierto…

 

Juan Federico Muntadas Cola de Caballo Gruta Iris

 

En realidad el agujero es una puerta, el comienzo de la escalera, una vez más esculpida en la roca, que desciende toda la altura de la Cola de Caballo. Cincuenta metros de impactante bajada, con aberturas en la roca a modo de balcones o ventanucos que nos permiten detenernos por unos instantes y admirar la grandeza del paisaje que se abre ante nosotros: a nuestro lado la cascada en toda su extensión y ante nosotros el gigantesco cañón excavado por el río. Podemos ver de cerca las paredes que hay detrás de la cascada, llenas de musgo y vegetación por el altísimo índice de humedad.

 

Río Piedra Gruta Iris Gruta Iris

 

El visitante, impresionado por el grandioso espectáculo al que está asistiendo, no se imagina que al final de la escalera le espera una sorpresa aún mayor. Salimos a una gran caverna que está justo detrás de la cascada, la cual vemos como si fuera una cortina de agua que se interpone entre nosotros y la luz del exterior. Se trata de la Gruta Iris, descubierta por el inefable Muntadas, y que parece un escenario imaginario, de una novela o de una película de Indiana Jones, pero no: es real, natural, creada por la sabia y sorprendente Naturaleza.

 

Gruta Iris

 

En la Gruta Iris hay vida: con frecuencia pájaros o murciélagos revolotean en lo alto. Y dentro de ella llueve: el agua se filtra por el techo rocoso y se condensa hasta que cae en forma de miles de gotas. Podemos adentrarnos hasta el fondo por un camino algo resbaladizo, especialmente en la parte final, donde pasamos por escalones esculpidos en la roca (por lo tanto mucho cuidado), para obtener una vista de la boca de la gruta sencillamente grandiosa.

 

Gruta Iris

 

Saldremos de la Gruta Iris por un túnel de unos cien metros esculpido a pico, una vez más, por los hombres de Muntadas. Y es que este lugar no es sólo una maravilla natural, también es una obra de arte humana. Al final del túnel otra imagen imborrable: la Cola de Caballo desde la distancia. Y nos percatamos de un detalle: es la primera vez que la vemos realmente en toda su longitud. Estamos a una gran distancia, pero aun así las finas gotas de la cascada nos impactan en el rostro.

 

Gruta Iris Cola de Caballo

 

Con su imagen grabada en la retina, nos alejamos de la gran cascada y siguiendo el sendero atravesamos de nuevo el río Piedra. Por todos lados el terreno y los troncos de los árboles se cubren con un manto de yedra. Asombrados por cada detalle que vemos, llegamos a otro lugar especial: la piscifactoría del Monasterio de Piedra, la más antigua de España, fundada por Muntadas en 1867 y gestionada por la Diputación General de Aragón.

 

Río Piedra

 

En la piscifactoría se crían principalmente truchas. Con ello se ha repoblado las aguas del río y se ha creado un hábitat idóneo para varias especies de pájaros como el cuco, el martín pescador, el mirlo o el ruiseñor. Hay varios estanques donde, a través del agua, se pueden ver las truchas en diferentes fases de su crecimiento. Este pez es un plato muy típico en Aragón y se puede degustar en el mismo recinto y en los restaurantes de los pueblos de la comarca.

 

Río Piedra Patos

 

Siguiendo nuestro camino no dejamos de asombrarnos por la exuberancia de la vegetación que cubre incluso el cauce de un arroyo, cuyas aguas extraordinariamente cristalinas la hacen visible. Pero lo que viene después multiplica nuestras sensaciones y aumenta nuestro estupor. Hablamos del lago del Espejo. Aquí el efecto óptico es doble: por un lado, la transparencia del agua nos permite ver su lecho cubierto de plantas, así como las numerosas truchas que lo habitan. Se pueden apreciar todos los detalles de estos animales, desde sus globos oculares hasta sus escamas o las manchitas de su piel.

 

Lago del Espejo Truchas

 

Por otro lado, según como caen las sombras sobre el lago, las montañas que lo rodean (entre ellas la impactante Peña del Diablo) se reflejan con perfección, creando la sensación de estar ante un espejo. De ahí el nombre del lago. Observando las truchas y los patos que nadan plácidamente en este lugar de ensueño, cruzamos un pontón flotante, como los que usa el ejército, y nos dirigimos al extremo del lago. Allí, entre altos y frondosos árboles, llegamos al punto donde comenzamos la ascensión. No olvidemos que hemos bajado los 50 metros de la Cola de Caballo y ahora hay que volver a subir.

 

Pontón Peña del diablo Lago del Espejo Lago del Espejo Lago del Espejo Lago del Espejo

 

Una escalera va trepando entre otros pequeños saltos de agua hasta llegar al puente que hay sobre la Cola de Caballo. Ya pasamos por él cuando terminamos la primera parte del paseo. Desde aquí toca emprender la salida, y para ello hay que seguir subiendo (recordemos que al comienzo de todo tuvimos que bajar bastantes metros). En esta ascensión el detalle más sorprendente es un árbol que ha conseguido crecer en un terreno vertical justo al lado del camino.

 

Otoño Otoño Otoño Otoño Otoño Otoño
 

Al cabo de unos pocos minutos llegamos a la entrada del parque, lo que significa el final de nuestro recorrido… ¿O quizá no? Pues no, porque las sorpresas aún no han terminado. En el último capítulo dedicado al Monasterio de Piedra conoceremos el criadero de aves rapaces y asistiremos a una exhibición de estos preciosos animales.

 
 
 

TEXTO Y FOTOS © LAGARTO ROJO
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

 
 

Para más información:
http://www.monasteriopiedra.com/
 
 

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7 comentarios sobre “EL MONASTERIO DE PIEDRA: EL PARQUE NATURAL

    1. Es una satisfacción provocar esas ganas, aunque el mérito es del lugar en sí, que es único y extraordinario. Espero que vayas pronto, porque nos deleitarás con un reportaje espectacular, no me cabe duda.
      Un saludo.

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  1. Magnífica explicación de la ruta por el parque y el monasterio. Tengo previsto ir en abril y me ha servido de ayuda para hacerme una idea de lo que encontraré. Felicidades por todos los post del monasterio de piedra! 😉

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    1. Gracias María. Me alegra enormemente tu comentario. Aunque abril es estupendo, si es posible mayo es aún mejor, ya que la Naturaleza se muestra en todo su esplendor. Sea como sea, lo vas a disfrutar y te va a sorprender.

      Un saludo.

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