LA ABADÍA DE MONTE SAN MIGUEL, LA “MARAVILLA DE OCCIDENTE”

BANDERA DE FRANCIAEl Monte San Miguel (Mont-Saint-Michel en francés) se encuentra en la región francesa de Baja Normandía, justo en el límite con la Bretaña. Se trata de una abadía gótica cuya fundación se remonta al siglo X y que hoy se ha convertido en uno de los monumentos más emblemáticos de Francia y en uno de los más visitados. Su emplazamiento es extraordinario: fue construida sobre un promontorio rocoso de unos 80 metros de altura que en realidad es un islote separado de la costa. Está en el centro de una gran bahía que presenta unas impresionantes mareas durante las cuales el mar se retira hasta 20 quilómetros (con 15 metros de desnivel) y el islote queda entonces unido a tierra. El nivel del agua sube muy deprisa (se dice que al ritmo del galope de un caballo, aunque no es cierto), y es peligroso cruzar la bahía a pie sin acompañamiento de un guía de la zona que conozca bien los flujos.

 


 

Hasta el siglo XIX el islote sólo era accesible con la marea baja, pero entonces se construyó un dique por el que hasta hace poco llegaban los vehículos de todo tipo. Este dique ha impedido el flujo normal de las aguas y tras más de un siglo ha acumulado más de 100 millones de toneladas de arena en la bahía, lo que de seguir así en el futuro alejaría el océano y haría que el Monte San Miguel dejase de ser una isla. Para evitarlo, desde hace unos años se han emprendido unas obras que incluyen la destrucción de ese dique y su sustitución por un puente que sí permitirá ese flujo natural. Se prevé que las obras terminen en 2014.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Alrededor de la abadía creció un pequeño pueblo (en realidad apenas una calle llena de tiendas) que rellenó prácticamente todo el espacio del islote. El conjunto está rodeado por unas murallas que junto con su ubicación aislada la hicieron casi inexpugnable (de hecho, los ingleses no pudieron tomarla en toda la Guerra de los Cien Años). Los monjes fueron desalojados en 1791, tras la Revolución Francesa, y pasó a ser una prisión hasta 1863. Desde entonces empezó a estar en el punto de mira de viajeros y curiosos. Hasta nuestros días ha estado en permanente restauración y, por qué no decirlo, reconstrucción, pues algunas partes fueron inventadas y añadidas.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Una vez que llegamos al islote (actualmente sólo está permitido hacerlo por medio de unas lanzaderas gratuitas o a pie) su estampa nos impacta al verlo de cerca. Indudablemente, a pesar de las hordas de turistas, el lugar tiene un magnetismo especial. Las murallas se construyeron en diferentes momentos entre los siglos XV y XVI. Franqueamos sus tres puertas sucesivas y entramos directamente en la única calle del pueblo.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Si no queremos verla más abarrotada que el metro de Toquio en hora punta, lo mejor es llegar muy pronto. En todo caso, no cabe agobiarse cuando la tengamos que recorrer llena de gente, pues éste es su estado natural desde hace siglos, ya que la abadía fue lugar de peregrinación y la mayoría de los edificios son muy antiguos, algunos incluso del siglo XV.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

La visita comienza cuando, al final de la mencionada calle, llegamos a una escalera y atravesamos una puerta fortificada. Después, la escalera (llamada El Abismo) discurre entre los altos muros de la iglesia y los aposentos abaciales (que no se visitan). Es el único acceso y en el pasado era una trampa mortal en caso de un temerario intento de invasión.

 

La Maravilla de Occidente

 

Al final de la escalera llegamos a una pequeña terraza llamada el Salto de Gaultier que ofrece unas estupendas vistas hacia el sur, o sea, hacia tierra firme.

 

La Maravilla de Occidente

 

Desde allí también podemos ver la torre sobre el crucero, con su aguja coronada por una estatua dorada del arcángel san Miguel, un conjunto inventado y añadido a finales del siglo XIX por el arquitecto Victor Petitgrand. Esta torre es neorrománica mientras que la aguja es neogótica.

 

La Maravilla de Occidente

 

Tras una pequeña sala que contiene unas maquetas que muestran la evolución de los edificios a lo largo de más de mil años, llegamos a la Plataforma del Oeste, un inmejorable observatorio sobre la bahía. En las imágenes se aprecia la espectacularidad que le confiere la marea baja.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Esta terraza ocupa el lugar de los tres primeros tramos de la iglesia románica (que están marcados en el suelo con diferencias de nivel), así como su fachada y dos torres, todo ello derribado en el siglo XVIII por su estado ruinoso y sustituido por una fachada neoclásica. La iglesia, así, queda truncada y reducida a la mitad de lo que fue. Tiene tres naves románicas con triforio y una cabecera gótica. La cubierta de la nave central es de cinchas de madera, algo frecuente en esta región. El contraste entre ambas partes es evidente, más aún porque actualmente está desprovista de cualquier decoración. De la iglesia pasamos al claustro, situado en el lado norte.

 

La Maravilla de Occidente

1908 MONTE SAN MIGUEL

La Maravilla de Occidente

 

Es necesario aclarar que la abadía se construyó en períodos sucesivos adaptándose al irregular terreno del promontorio. Dispone de todas las dependencias de un monasterio benedictino, pero obviamente no pueden estar dispuestas en un plano horizontal alrededor del claustro, como es habitual. Los diferentes edificios se desparraman sobre la roca, apoyándose unos sobre otros, como si de una tarta de boda se tratase. Así pues, La iglesia se encuentra en la cúspide, pero como ésta no ofrece espacio suficiente, fue necesario edificar en un segundo nivel varias salas (la mayoría de ellas habilitadas como capillas) para dotarla de una base mayor. Las partes más antiguas son románicas y las más modernas góticas.

Posteriormente se adosó en el lado norte (el que mira a mar abierto, oculto a la vista cuando miramos el conjunto desde el continente) un conjunto de dos edificios góticos dispuestos en tres niveles que realmente son los que reciben el apelativo de La Maravilla. No es exagerado, pues entramos en una de las mayores genialidades de la Historia de la Arquitectura, por su belleza y por su audacia. El claustro, al que llegamos desde la iglesia, ocupa el piso superior del edificio occidental. De extraordinaria elegancia, sus finas columnas se disponen en dos filas de modo alterno, y su cubierta es de madera.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Del claustro pasamos al refectorio, sin duda la sala de mayor belleza de la abadía, bañada por sus 59 estrechas ventanas. Su cubierta también es de cinchas de madera, para restarle pesadez. Desde aquí bajaremos en espiral a los niveles inferiores.

 

La Maravilla de Occidente

 

Rodeando la iglesia recorreremos una sucesión de criptas y salas románicas que la sostienen. Hay un par de capillas, una sala de gruesos pilares que sirve para sustentar la pesada cabecera de la iglesia -que está justo encima- y alguna otra de función desconocida. Mención especial merece el antiguo Cementerio de los Monjes, una sala-osario que fue transformada en la época penitenciaria. Hoy no queda nada de aquello, pues en su lugar se instaló en 1820 una gran noria que servía para subir los alimentos destinados a los presos.

 

La Maravilla de Occidente

 

El nivel intermedio de La Maravilla lo ocupan la Sala de los Huépedes y la Sala de los Caballeros. La primera es una sala alargada separada en dos naves por una fila de columnas. Ha conservado dos grandes chimeneas y era el lugar de acogida de los peregrinos ilustres (baste decir que varios reyes de Francia estuvieron aquí), por lo que en el pasado estuvo decorada suntuosamente.

 

La Maravilla de Occidente

 

La Sala de los Caballeros recibe desde el siglo XVIII un nombre engañoso, pues en realidad fue la sala de trabajo de los monjes.

 

La Maravilla de Occidente

 

Por último, el nivel inferior lo ocupan la Capellanía, donde se recibía a los peregrinos pobres, y la Bodega. Desde aquí salimos al exterior y podemos acceder al adarve de la muralla -que nos ofrecerá unas espectaculares vistas sobre el pueblo y la bahía-, pasar por el pequeño cementerio o volver a la calle por la que saldremos del recinto.

 

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

La Maravilla de Occidente

 

Mientras, sobre nuestras cabezas se yergue la mole impresionante de la abadía del Monte San Miguel, ofreciéndonos una última e inolvidable imagen de esta maravilla de la arquitectura.

 

Para más información:
http://www.ot-montsaintmichel.com/index.htm (en francés)

 
 
 

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