PLAZAS DEL MUNDO: EL “ZÓCALO” DE LA CIUDAD DE MÉJICO

BANDERA DE MÉJICO 1El Zócalo de la Ciudad de Méjico, oficialmente Plaza de la Constitución, es una de las mayores de América. Su extensión es de 46.800 m2 (195 por 240 metros). De orígenes antiguos, pues ya existía en tiempos de los aztecas, tal como la conocemos hoy la podemos considerar uno de los más notables ejemplos de urbanismo español en América. Los edificios que la rodean son de todo tipo y albergan los símbolos de poder de la ciudad y del país. Siempre concurrida, a veces ocupada por grupos de presión y pocas veces tranquila, lo que sucede en el Zócalo frecuentemente afecta a los 120 millones de mejicanos.

 
              


 

La plaza se asienta sobre lo que fue el centro de la ciudad de Tenochtitlan, capital de los aztecas. De esa ciudad quedan unos restos arqueológicos en la esquina nordeste, los del Templo Mayor. El resto de la plaza representa el poder que se instauró tras la conquista española: el poder virreinal, el poder municipal, el poder religioso y el poder económico, uno en cada lado. La nueva Ciudad de Méjico, capital del Reino de la Nueva España, se extendió hacia los cuatro puntos cardinales siguiendo una planificación urbanística renacentista, inspirada en las ciudades españolas. Así, esta plaza no fue otra cosa que la Plaza Mayor, como en España, y éste fue su nombre original, aunque también se llamó Plaza de Armas (algo habitual para este tipo de recintos en la América española).

 

Templo mayor

Templo mayor

 

En realidad la plaza está desplazada respecto a lo que fue el centro político y ritual de Tenochtitlan, donde confluían las principales calzadas de aquélla. El Zócalo se extiende en el extremo sur de lo que fue el Templo Mayor, cuyas ruinas hoy podemos visitar en el ángulo nordeste, tras una plazuela que se abre al costado del sagrario de la catedral. Este templo, de forma piramidal, alcanzaba los 60 metros de altura y era el lugar destinado a las cardiotomías o sacrificios humanos por extirpación del corazón. Los españoles ordenaron la destrucción del templo y hoy quedan unas reducidas pero impresionantes ruinas. A su lado se erigió un moderno y funcional museo de gran calidad, como es habitual en Méjico. En él se exponen muchos objetos allí encontrados y una gran maqueta del lugar. 

 

Templo mayor

Templo mayor

 

Hernán Cortés edificó su residencia sobre la de Moctezuma. Ése fue el embrión del Palacio Virreinal, que ocupó el lado oriental de la plaza. Sufrió múltiples ampliaciones, incendios y hasta motines. Tras la rebelión y posterior independencia de Méjico, el palacio ha sido residencia de los presidentes del país y algún emperador. Hoy el Palacio Nacional ya no es residencia de los presidentes de la República, pero sí lo usan para actos de protocolo y recepciones oficiales. En su interior son visitables, entre otros, los patios, el corredor del primer piso con unos murales de Diego Rivera que presentan una visión irreal y deformada de la Historia de Méjico, y el hemiciclo de la antigua Cámara de Diputados.

 

Palacio Nacional

Palacio Nacional

 

Por su parte, la autoridad eclesiástica asentó su catedral en el lado norte. Construida entre 1544 y 1813, es una de las obras cumbre del arte español en América. La visitamos en este artículo, en el que repasamos sus impresionantes obras artísticas.

 

Barroco novohispano

Manuel Tolsá

Barroco estípite

 

En 18o8 los ejércitos franceses entran en la España metropolitana, que resiste a la invasión. Las Cortes reunidas en Cádiz redactan en 1812 la primera Constitución Española, la tercera más antigua del mundo. Un año después, en 1813, la plaza Mayor de la Ciudad de Méjico es renombrada plaza de la Constitución, nombre oficial que mantendrá hasta hoy, en honor de la Pepa (y no la mejicana de 1917, vigente actualmente, como muchos creen erróneamente).

 

El lado sur de la plaza lo ocupan dos edificios gemelos que son la sede del Gobierno del Distrito Federal (equivalente al Ayuntamiento pero con rango de entidad administrativa superior, como una región en otros países). Sin embargo sólo el de la esquina sudoeste es original, terminado en 1532. Fue el Ayuntamiento de la ciudad hasta la creación del Distrito Federal. Es de piedra gris y está adornado con numerosas estípites típicas del barroco novohispano. En su interior se organizan visitas guiadas y se puede ver el salón de cabildos, de estilo modernista, utilizado para actos protocolarios, así como los salones de virreyes, que albergan los retratos de todos los virreyes de la Nueva España.

 

Distrito Federal

Distrito Federal

 

El interior del pórtico de la planta calle está decorado con grandes paneles de azulejos que representan grandes escudos históricos de la ciudad como el del almirante don Cristóbal Colón, el de Hernán Cortés, o el de la propia ciudad, entre otros.

 

Escudo de Hernán Cortés

Escudo de Cristóbal Colón

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El lado oeste de la plaza está ocupado por dos edificios separados entre sí por la calle de Francisco Madero. Se trata del Portal de Mercaderes, unos soportales llenos de comercios, especialmente de joyería.

 

Portal de Mercaderes

Portal de Mercaderes

 

Lo mejor de este flanco son dos hoteles: el Majestic y el Gran Hotel. El primero, en la esquina con la calle de Francisco Madero, ofrece unas magníficas vistas del Zócalo desde la terraza panorámica de su cafetería-restaurante en el último piso, que es de libre acceso.

 

Catedral de Ciudad de Méjico

Pista de hielo

Distrito Federal

 

El segundo, en la esquina con la calle 16 de Septiembre (donde tiene la entrada) es un hotel de lujo modernista de 1899 y vale la pena entrar a curiosear el vestíbulo y admirar su impresionante bóveda acristalada.

 

Hotel Majestic

 

El centro de la plaza estuvo ocupado en principio por, posiblemente, la mejor estatua jamás erigida en América, la ecuestre del rey Carlos IV, obra del valenciano Manuel Tolsá. Llamada popularmente el Caballito, hubo de ser retirada para salvarla de la barbarie que siguió a la independencia y anduvo por varias ubicaciones en la ciudad (este artículo nos relata su azarosa historia). Hoy la podemos admirar a pocas calles de aquí, delante del Museo Nacional de Arte. En 1843 el presidente Antonio López de Santa Anna quiso instalar en el centro su gran proyecto de monumento a la independencia del país: una gigantesca columna que habría de ser coronada por una estatua alada. Este proyecto nunca se llevó a cabo por falta de dinero.

 

Sin embargo, sí dio tiempo de construir el zócalo que habría de sostener la columna. Ese zócalo sin monumento ocuparía el centro de la plaza durante un siglo, por lo que el pueblo llano, una vez más, creó un nombre extraoficial de uso habitual: el Zócalo, como se conoce hoy a toda la plaza, aun cuando ese zócalo ya no existe. Hoy la plaza es un mar de asfalto rodeado por varios carriles de vehículos que los peatones cruzan no sin riesgo. En el centro, como único elemento decorativo y simbólico, sólo queda un altísimo mástil que sostiene una enorme bandera tricolor que se iza y se arría cada día. Lamentablemente, como podemos apreciar en las imágenes, frecuentemenente el centro de la plaza está ocupado por elementos absurdos tales como mercadillos, pistas de patinaje o manifestantes que permanecen acampados sin que nadie se lo impida.

 
Tráfico chilango

Bandera mejicana

 

El Zócalo es siempre un hervidero de chilangos y turistas, manifestantes y vendedores ambulantes, paseantes y carteristas. Es habitual ver grupos que interpretan danzas folclóricas indias o rituales para ahuyentar a los espíritus (o sea, para aprovecharse de los ignorantes, los cuales son sorprendentemente numerosos) aunque si nos fijamos bien veremos que no todos son verdaderos indios… la picaresca también está presente.

 

Indios mejicanos

Indios mejicanos

 

Sea como fuere, el Zócalo es el indiscutible corazón de Méjico. Una plaza que es reflejo de su larga Historia, desde sus orígenes aztecas hasta los tiempos actuales. Una plaza que aún muestra las grandiosas obras arquitectónicas de su época de mayor esplendor, cuando era la capital del Reino de la Nueva España. Una plaza tan fascinante como lo es Méjico.

 
 
 

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